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domingo, 1 de septiembre de 2019

Las Islas Nómadas-III


801-900

En una isla están todas las palabras, verdades y mentiras disponibles, y hay viajeros que acuden allí y eligen la más conveniente y convincente.
Al proseguir el viaje y cambiar de isla ya no es fácil ni siquiera recordar qué tesoro transportado es el que se ha elegido.
Dicen que hay mentiras del norte que parecen verdaderas en el sur, que existen verdades del sur que parecen increíbles en el trópico y hasta palabras que pierden su significado y su hechizo a unas pocas millas náuticas de distancia.
Por otra parte hay que reconocer que en las islas del norte poseen muchas palabras hiperbóreas para designar los diferentes estados de la nieve y que en las del sur, sin embargo, sean todos los colores los que deben inventar y descubrir palabras para nombrar de alguna manera el despliegue infinito de las flores.
Que todo sea así, tan diverso, no deja de ser interesante.
Que todo no se atreva a ser así, tan conforme a medida, no deja de ser algo decepcionante.

Fabiano es un navegante solitario que ha recorrido muchos mares y alguna que otra isla. Ahora está con Ángel delante de LA NOVENA ISLA, Espejo Verde, también conocida como Utopía. Así supieron que en ningún lugar, en ningún sitio, en ningún tiempo controlado, sin habitantes censados, sin historia registrada, la isla contenía el conjunto más afortunado de Ilusiones, Esperanzas, Valores y Deseos Humanos.
La isla en la que estaban se resiste a ser y a desaparecer, a veces es tan grande como el planeta Tierra, a veces tan pequeña como la punta de un alfiler. Hay momentos en que nadie se acuerda de ella y años en los que millones de navegantes quieren llegar a sus costas desde todos los puntos cardinales. Hay fundadores de religiones que dicen haber nacido aquí y dirigentes políticos que presumen de conocerla, pero casi nadie sabe que la isla Utopía es invisible, inmaterial, inaccesible, invulnerable y que solo se puede llegar con la otra mitad de la Ilusión.
Nadie conoce sus coordenadas geográficas ni su paradero, nadie sabe.


901-1000

Hay islas que no pasan desapercibidas, tal es su esplendor.
Aunque algunas siempre están disimulando ya que solo logran ser lo que verdaderamente son cuando se enamoran de las altas montañas y aspiran a crecer por encima de sí mismas, a salir de su propia insularidad y necesariamente se ponen a cantar para hacer posible la alegría.
Hay islas que han crecido por encima  de sus posibilidades.
Lo peor de las islas que se saben falsas es que están siempre con miedo de ser descubiertas, son unas farsantes y lo saben. Por eso tiemblan. Es el tremor, el  temblor, el terror. Los geólogos lo llaman terremotos.
Los gemólogos los llaman diamantes.
Hay diamantes que disimulan tan bien que parecen piedras en medio de pedreros cargados de restos de erosiones divinas.

Ángel y Fabiano reman como el pescador más pobre, ese del que hablaba Zaratustra, el que al atardecer rema con remos de oro, el que vive en el interior de LA DÉCIMA ISLA, El Dorado, el que es áureo y se llama Aurelio, el que podría llamarse Aureliano, el que muchos años después no habría de recordar nada más que la alegría de ser durante más de 100 años algo parecido a una isla de compañeros y amigos.
El día en el que llegan el Sol es pródigo en amarillos y oros y dorados, ponen tanto interés en lo que hacen que, por un momento, todo es Midas y oro amarillo dorado. Después regresan los colores y se celebra el advenimiento de los carnavales. Durante unos días la fiesta está al alcance de todos, no hay muertes ni enfermos ni abandonados, todos aman y son amados en el Jardín de las Delicias lleno de bienaventurados.
Ellos son conscientes de que la isla existe, de que está ahí, pero no hay modo de alcanzarla si no es siguiendo las más estrictas indicaciones de su trayectoria. Es decir, que para llegar hasta ella, hay que recorrerla y buscarla todo como si no se quisiera llegar nunca hasta la gran Finalidad, el gran Objetivo. Ser consciente de que se ha llegado es lo mismo que ver desaparecer y esfumarse en el aire a la que parecía la isla más sólida del continente de los Ilusionados.
El continente más sólido y estable es una isla a la deriva.



1000-1100

En el archipiélago también existe una isla en la que las palabras no significan nada, no significaba nada “un fuerte abrazo”, “mil besos”, “todo el tiempo del mundo” o cualquier expresión de ternura romántica al estilo de Catulo.
La isla no lloraba ni estaba triste, simplemente era escéptica y agnóstica. Aunque en secreto siempre esperaba a Godot y, aunque parezca curioso, extraño y hasta una coincidencia, a la cantante que no era calva, al escenario que no se llena solo de sillas, al rinoceronte que no embiste y a la ira que no estalla y se corrige desde el principio.
Las islas son absurdas y lo saben. De alguna manera en el planeta Tierra no debería haber islas ni archipiélagos, solo tierra, continente continuo, esfera sólida y complaciente.
Hay islas que se convierten en gaviotas, en albatros o en pelícanos y así sueñan lo que son, efímeras y cambiantes. Saben que su naturaleza no se sostiene y que solo es una manera de hablar temporal, anecdótica.
Cuando las palabras ya no significan nada estamos lejos de todo, cerca de la nada.

En la isla de las Apariencias, la número ONCE, solo hay maravillas. Y quién podría contemplar el Ser y no volverse loco, quién soportaría tanta grandeza sin perder su pequeña estabilidad, quién no sería vulnerable a su grado de perfección.
Y todas las apariencias les indicaban a Fabiano y a Ángel que la isla era una esfera perfecta que se propaga igualmente en todos los sentidos, que es completa, a la que nada le falta. Por eso se decía en la antigüedad que las islas esféricas eran completas en todos los sentidos y que tenían la misma fuerza desde el centro hasta y hacia todas las direcciones ya que no eran ni más fuertes ni más débiles en unos lugares que en otros, que en todas partes eran iguales y ejercían la misma presión en todos sus límites. La isla esférica era, por tanto, homogénea, en un sentido dinámico, no estático. Ese significado es infinito, aunque un infinito que entra y cabe en una isla de un kilómetro de diámetro. No puede ser más plenamente ni más débilmente en una dirección o en otra del archipiélago lineal.
La isla es esférica porque es igualmente verdadera en todos sus puntos, no le es lícito -por así decirlo- ser incompleta. En esta isla el principio y el fin, el comienzo y el final de todas las cosas son comunes.
La isla esférica es autocoherente y uniforme y, como decía Platón, nada sale de la esfera ni nada entra en ella de otra parte. Por estar limitada por una superficie continua la isla es difícil para los viajeros y visitantes ya que no es fácil concebir una ruta tan perfectamente circular que se puede empezar y terminar en el mismo punto sobre una misma línea.
La esfera ideal que flota en el mar de la Felicidad.


1100-1200

Con el paso del tiempo puede suceder cualquier cosa, por eso a lo largo de los siglos una isla ha dado en creer, o al menos ha llegado a suponer que existe otra isla superior, una especie de isla después de esta isla, una isla eterna donde llegarían a coexistir todas las islas que existen, han existido y existirán.
Los náufragos la han buscado y solo han hallado una isla amarilla móvil que flota según la amable dirección del viento.
Aquella isla pensaba que su eternidad iba a ser como la de aquellos días interminables que eran Islas como Australia, como Eurasiáfrica sin canal de Suez, como toda América unida sin canal de Panamá.
La eternidad de las islas es muy larga, pero  vivir solo en longitud no es lo más inteligente que puede hacerse.
Otros comentaristas han escrito que la isla superior o eterna también ha dado en suponer que existe un archipiélago de dudas flotando en una imaginación a la deriva.
La isla Superior a la isla Eterna también es pasajera.

La isla número DOCE también es conocida como la isla Mozart, entre otras cosas por el entusiasmo que sentían todos los que ponían sus pies sobre ella.
Ángel y Fabiano decidieron recórrela alegremente y sintieron todos sus arrebatos y colores. Las mediciones que hicieron no demostraron nada ya que todas las medidas eran imprecisas y los cálculos indefinidos. Pero siempre le agradecerán a esta isla la posibilidad de saber con absoluta seguridad instintiva cuál es el verdadero sentido de este acumular, de esta sucesión de días y de caminos.
No vieron el esqueleto del compositor pero adivinaron la estructura del archipiélago clásico. Ahora saben que para sobrevivir se necesita a veces algo de estoicismo, de escepticismo y de relativismo, también mucho de hedonismo, de optimismo y de vitalismo.
Ahora sospechan de lo que están todos seguros y de los que están seguros de todo, de los soberbios que se lo han creído, de los arrogantes que todo lo saben. Un poco menos de orgullo, y mucha más humildad, eso es lo que necesitamos todos; pero unos más que otros, pensaba Fabiano.
Con el paso del tiempo las islas no envejecen, se transforman en granos de arena de un reloj de polvo.
1201-1300

“La isla misteriosa”, mencionada por Julio Verne, sigue existiendo en nuestro archipiélago,  así como la ínsula Barataria, la isla Utopía, la isla Monte Carmelo, la isla Anillos de Saturno, la isla Meninas del espejo…
De alguna manera todas las islas son misteriosas y preparan sorpresas que ni ellas mismas conocen ni calculan.
La isla Espejo es imposible de entender, todo allí sucede al revés y nadie logra explicarlo. Es cierto que, con el tiempo, los misterios se han convertido en problemas, pero los problemas sin resolver a la mínima se hacen pasar por enigmas indescifrables.
Todos los problemas de las islas Hijos son irresolubles, se acumulan, se agrietan, mutan, se contraen, se alargan, pero nunca desaparecen. Tal vez por eso hay archipiélagos que ya no quieren ser responsables.
La isla más misteriosa es la comunicación de los que quieren ser amigos.

Los mejores amigos, como Ángel y Fabiano, siempre son amigos de Epicuro, sin miedos ni terrores ni temores, siempre con la mejor disposición del alma, con la sonrisa preparada y entrenada para seguir siendo emoción positiva, sentimiento desbordante, pasión alocada y contenida, curiosidad constante, presente y futuro; un presente que no quiere acelerarse y un futuro que no desea adelantarse, un tiempo que fluye sin metrónomos ni medidas rígidas ni obligaciones. Y vivir así, feliz y prolongadamente, sin deprimirse y sin demasiadas pretensiones.
En esta isla, Fabiano y Ángel permanecerían, sin saberlo, más de sesenta años, aunque ellos creerán que es solo un día, un día más en una isla afortunada, mágica, la más amistosa y jovial de las islas.
De esta isla solo hablarán maravillas en sus Memorias posteriores, saben que, por encima de la geometría, existe una descripción superior del espacio que se define en alegrías, poemas de amor, paseos por la naturaleza, montañas y nieves y zarzamoras, incluso oropéndolas.
Esta es la isla de los jardines y las huertas cuidadas con esmero, de los frutos del verano y del otoño, de los colores cálidos.
1301-1400

No está garantizado por nada ni por nadie que una isla siga siendo una isla para siempre. Distintos fenómenos y circunstancias pueden producir que una isla se convierta en jirafa, en nube o en poeta.
(Ser jirafa es una delicia para todos los soñadores de Venecia).
(Ser nube es una acumulación de abundancias).
(Ser poeta, en este archipiélago, no es ningún privilegio, es lo que te ha tocado, lo que no se puede evitar, como ser géiser, volcán, cascada, primavera, nieve…).
(…Ser géiser es como ser un invitado a una ceremonia incomprensible en la que la belleza brota por sí misma).
(…Ser volcán es el vuelo de la materia antes de ser escultura).
(…Ser cascada es otro de los triunfos de la imaginación gravitacional).
(…Ser primavera es el sol en todo su dominio).
(…Ser nieve en algunas islas es la mayor fortuna, es lo que cae desde el frío sideral que embellece todo lo que toca).
Tales acontecimientos son tan raros como imprevisibles pero, en cualquier caso, ocurren con bastante infrecuencia.

Han llegado a la isla de El Bosco, isla de las Delicias, Jardín de los Bienaventurados, Jardín de las Delicias Afortunadas, isla de los Complacidos.
En esta isla todo lo hermoso y bueno es posible, por eso allí están situadas y existen Venecia y las jirafas, por eso hay nubes de evolución bondadosa y encuentros insospechados.
La Arquitectura es casi tan atrevida como el Panteón de Roma y la cúpula de la catedral de Florencia, como el placer de ver felices a los humanos. Quien se atreve a vivir en esta isla ya está haciendo su escultura eterna.
No es raro, por tanto, que Ángel y Fabiano quisieran permanecer allí toda su vida. De hecho residieron allí una larga vida que en esta versión breve del relato se resume en un día, apenas una página, apenas unas palabras de sólida bienvenida.
Ya  saben que la belleza visible es signo, síntoma e indicio de que la perfección está a punto de lograrse.





Las islas Nómadas-II


301-400

Todos los geógrafos que han dedicado su vida a tratar de entender el archipiélago han sucumbido a la tentación de vivir en la isla que les ha llenado de pasión y no solo de reflexión y entendimiento, produciéndose así el extraño fenómeno de ver que todas las islas están pobladas de geógrafos, cartógrafos, viajeros intrépidos y exploradores de lo intacto.
Tan curiosa circunstancia hace que otros geógrafos, cartógrafos y exploradores (así como psicólogos, filósofos y antropólogos) de otras universidades y universos se acerquen a esta extraña colección de islas habitadas con la finalidad, noble sin duda, de entender el origen de tanta fascinación.
Dicen que algunos llegaron diciendo que esperaban lo inesperado, otros que pretendían explorar lo inexplorado, alguno -más extraño y sutil- pretendía inexplorar lo explorado como el geógrafo místico que sabía que para ir donde no sabes hay que ir por donde no se sabe. Tampoco faltaron los que intentaron olvidar lo inolvidable, explicar lo inefable, nombrar lo inimaginable o, simplemente, aliviar lo incurable.
¡Extrañas criaturas son los náufragos!
¡Extraños prisioneros son los navegantes solitarios!

Hera asegura que el fuego es el origen de todas las islas actuales, que en el pasado todo surgió de volcanes y erupciones y que, en demasiados casos, ese fuego interior se ha apagado. También dice que lo que cambia y lo que permanece es lo mismo. Por eso todo fluía hasta representarse como escultura cinética.
Y esos volcanes, activos cuando quieren, son creadores de nuevas formas que se endurecen y se templan en su contacto con las aguas del mar, generando nuevas posibilidades que la imaginación inteligente ha de tener en cuenta si quiere seguir los mejores indicadores de la realidad.

Lo que no saben Fabiano ni Ángel es ayudar al que no se deja ayudar, lograr que sea autónomo el que solo desea ser libre a costa de los demás, o suavizar el carácter del que siempre se cree en posesión de la verdad y la afirma imperativa e imperiosamente.
En EL CUARTO GRUPO DE ISLOTES y en LA CUARTA ISLA los dos sospecharon que lo que en realidad estaba sucediendo era que 99, 530 o 7.777 verdades estaban pugnando por salir a la superficie a la vez, que todas las posiciones querían sobresalir y destacarse, que todas las ideas querían llegar, que hasta las opiniones deseaban asomarse a la superficie, que una erupción de verdades, de multiplicidades y de realidades estaba a punto de estallar ante sus ojos. Terremotos, maremotos, huracanes, todos los instrumentos del barco indicaban tensiones y estallidos.
El capitán del barco les advirtió de todos los peligros, pero ellos tenían que desembarcar en la isla circular de 400 metros de diámetro compuesta de 40 anillos concéntricos de 10 metros cada uno que giraban a distintas velocidades en sentidos aparentemente caprichosos, por lo que los 200 metros para llegar al centro les hizo girar en el sentido de las agujas de un reloj o en el sentido contrario cada vez que cambiaban de anillo.
No era fácil saber si era una especie de diana geográfica, un laberinto circular, una máquina de precisión para hacer girar a las tormentas en el océano o uno de los más sofisticados relojes de marea que se hayan diseñado y construido.


401-500

Es ridículo suponer que una isla puede crecer como una columna o una chimenea, o que otra se sorprenda al ver una mañana que le han crecido anillos concéntricos como atolones (que sin duda recuerdan a los admirables anillos de Saturno); sin embargo eso es lo que sucede todos los días según el evangelio más optimista o la interpretación de los hechos que pueden estudiarse (o no) aislados.
También puede parecer ingenuo que todavía existan islas enamoradas capaces de hundirse en la depresión más obscura de la Fosa de las Marianas porque otra isla o islote o istmo o península Barataria las haya dejado solas, abandonadas a su suerte y a la amenaza de olas desprovistas de ternura, de corrientes sin gracia y de mareas sin encanto.
En este sentido nadie espera encontrar ilusiones desmesuradas, emociones desmedidas, pasiones desorbitadas, proyectos volcánicos ni decisiones embriagadoras. Los años pasan su factura y ya todo se ve como si fuese esta la única realidad.
Y ya se sabe que la realidad, como la verdad (y como el personaje de ficción Antonio Mairena), también se inventa.

Parmen es partidaria de la permanencia, si alguien ha nacido en una isla ese es su ser y en él debe permanecer. No es posible cambiar por más que lleguen noticias de que existen más puertos, más modelos de barcos y nuevas rutas comerciales. Perseverar es una forma de misticismo.
Esa estabilidad es responsable de que las esferas sean lo que son.

LA QUINTA ISLA también era circular, medía 500 metros de diámetro y en el centro tenía un profundo pozo de cinco metros de diámetro que parecía de bronce y era perfectamente vertical, no se veía el fondo y por eso decidieron dejar caer una piedra en su interior. Según sus cálculos, en cinco minutos la piedra volvió a aparecer surgiendo del interior de la galería vertical. Sin que hicieran nada la piedra se elevó hasta cinco metros de altura y volvió a caerse al interior de la sima circular, volviendo a reaparecer a los cinco minutos. Eso se repitió varias veces. Poco después les llegó el aviso del Servicio de Anomalías Geológicas en el que se les comunicaba que en su antípoda se había originado un cráter circular de cinco metros de diámetro por el cada cinco minutos aparecía una piedra que se elevaba cinco metros y volvía a caer.
Alguien estaba jugando con la gravedad, pero ellos no sabían lo que estaba pasando.
–Son demasiadas razones, dice Fabiano.
–El día que discutimos, contesta Ángel, fue el peor de mi vida.
–Sí, tienes razón, no sé por qué caemos en la tentación de querer tener toda la razón.
–Ya sabes lo que decía Lutero de la razón, que se va con cualquiera, le recuerda Ángel.
–Lo sé, pero también la fe, la ciencia, la filosofía, el arte, el éxito, el dinero y la suerte se van con cualquiera.
–También es verdad, concluye Ángel.
–Y hasta es posible que todos tengan razón o, al menos, su razón con minúscula, igual que tienen su cuerpo, su materia, sus sueños, sus alegrías…
–Todo está distribuido y, tarde o temprano, nos puede tocar, nos puede caer en suerte o en desgracia.
–Esto de existir no deja de ser peligroso, dice Fabiano.
–Pero la alternativa, no existir, parece bastante peor, dice Ángel sonriendo.
–Tal vez no sea peor, sencillamente no es, no sería.
–Y, si te digo la verdad, no ser es una cosa que no me apetece nada.
–Nunca mejor dicho, si no eres entonces está claro que nada te puede apetecer.
–¡Lógico!
–El problema es que, si no existiéramos, seguiríamos imaginándonos viendo las infinitas posibilidades de la existencia y eso despertaría nuestras apetencias y emociones.
–Lo normal, la vida es más interesante que el infinito no estar en el no ser, concluye Ángel muy serio.
–¡Menudas expresiones!
–Solo trataba de expresarme correctamente.
–Te entiendo, creo que te entiendo, dice Fabiano.
–Y eso que hay demasiadas maneras de entender cualquier cosa.


501-600

No se sabe a ciencia (ni a filosofía ni a poesía ciertas) si las islas eran exactamente 7.777 o mil, como las más de mil gracias derramadas, o mil y una como las célebres noches de amor y cuentos encantados. No sabemos contarlas, tampoco importa demasiado. Las islas son inquietas, cuánticas, y cuando crees haberlas contemplado en todo su esplendor, en su longitud y latitud concretas, resulta que al día siguiente, o ese mismo día por la tarde, se han marchado y son ilocalizables, dejando a los pobres islógrafos aturdidos y desorientados.
No es extraño que muchos de estos especialistas en describir territorios inciertos hayan abandonado su ciencia -que antes dominaban con exactitud y rigor- por una inexplicable combinación de Poesía, Filosofía e Historia del Arte. Entendiendo que la Historia del Arte para ellos, que ya han vivido y viajado lo suyo, empieza en Ciágara, continúa en Solón y no termina nunca de sorprenderles.

Empe sostiene en realidad que toda isla es un volcán encendido y apasionado. Un volcán de bronce y oro. Un volcán de aire y oro evaporado. Un volcán de agua y tierra apasionada.

Otros 99 islotes iguales y una SEXTA ISLA que el radar dibujaba como circular, con 600 metros de diámetro, pero que estaba como perdida en la niebla. Solo nubes, vapores y brumas habitaban aquella superficie lisa y fría, deshabitada y poco acogedora.
–¿Y qué haremos para que eso no nos vuelva a ocurrir?, preguntó Ángel.
–No sé, tal vez ser un poco más escépticos, más relativistas, menos dogmáticos y nada fanáticos.
–Podría ser una solución.
-¿Solo “una solución”?, preguntaba ahora Fabiano.
–Lo cierto es que no sabemos cuántas soluciones hay.
–Ni cuántos problemas.
–No sabemos mucho.
–No, mucho no, pero con lo poco que sabemos podemos hacer maravillas, contestó sonriente Fabiano.
–Sí, siempre se puede hacer algo.
–Fíjate, ni siquiera sabemos por qué hay siempre exactamente 99 islotes entre cada isla y por qué siempre están a distancias regulares unos de otros.
–Tienes razón, si la isla tiene cien metros de diámetro ya solo les quedan 900 metros a los 99 islotes y han  de distribuirse y disponerse a la distancia adecuada.
–¡Cuántos islotes!
–¡Cuántas distancias!



601-700

La primera isla que aparece cuando te acercas por el este es de una maravillosa roca caliza y tiene la playa de arena más suave, como el beso más dulce y prolongado, como si quisiera entregarse de lleno al contacto con otros seres delicados llegados de lugares insospechados del universo.
Que esta isla posea los dos árboles verdes más grandes y hermosos de todo el archipiélago de deseos no es más que una profecía autocumplida. Desde siempre los investigadores atentos han intuido que -si realmente se desean- la verdad, la belleza y la bondad acaban apareciendo; lo que de alguna manera parece explicar que los que esperan mentira, fealdad y maldad terminan encontrándolas. Por eso, creen algunos, siempre se debe aspirar a lo mejor; por eso estas islas solo pueden ser islas y han de flotar lejos de territorios masificados.
La última isla está tan cerca del continente que no puede distinguirse ni diferenciarse de él. El islote apenas mira, por vergüenza, por educación, por timidez, por cobardía, por dejar hacer, por no molestar.
Todas las islas tienen faros invisibles.
Ágoras considera que las islas son las semillas de las que surgieron los continentes y que los continentes no son más que islas complicadas.

Los dos se pusieron de acuerdo, al ver la SÉPTIMA ISLA, que podía ser la famosa Ínsula Barataria, pare ellos sería la isla en la que no tendrían que discutir más, solo intercambiar razones, argumentos, emociones, comentarios, interpretaciones; pero sin discutir, sin enfadarse, sin alzar la voz, sin distanciarse, sin dejar de hablarse, sin tensiones innecesarias, sin banderas, sin fronteras, sin conflictos.
Sería mucho imaginar un episodio en el que tanto Ángel como Fabiano tuviesen que juzgar las intenciones de Sancho Panza, sin saber muy bien si pretendía enriquecerse con el gobierno de la ínsula o si lo que pretendía era hacer justicia al nivel de los hombres que, como él, vivían de su trabajo y solo se sustentaban del esfuerzo que hacían.
Llegados al caso imaginado Sancho se presentaría ante ellos en actitud humilde pero no servil, digna pero no orgullosa. Los dos miembros del Alto Tribunal Baratario le preguntarían sobre sus hechos e intenciones. A lo que Sancho, sin duda tan astuto como avispado, contestaría con su proverbial habilidad tan llena de refranes como de proverbios. Al final los descolocaría un poco al decirles que “todos los refranes trabajan a la vez”. Ángel diría entonces que esa especie de meta-refrán que se refiere a todos los refranes y a sí mismo es un tanto pretencioso. Comentaría algo sobre la expansividad general tan extraordinaria de ese super-refrán, mientras que Fabiano consideraría que ese refrán tan especial encajaría perfectamente en su idea de un universo complejo donde no solamente existen muchísimas cosas sino que ocurren y transcurren e interaccionan a la vez. Como ejemplo pondría, si Sancho tuviese a bien considerarlo -a pesar de que faltasen cuatro siglos para que ocurriese y fuera pertinente su elección- mencionar el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, en el que no solo ocurrirán u ocurrieron (según se mire) muchas cosas, aviones que chocan, estructuras que se rompen, incendios que se producen, cascotes, muertos, heridos, explosiones, derrumbes… sino que todo eso sucederá o sucedió a la vez y que es precisamente eso lo que nos cuesta tanto entender.
Cómo es posible que todo ocurra a la vez y que las Leyes de la Naturaleza, las de la Física y la Química y la Biología y… estén tan atentas  que nunca se olvidan de ejercer su oficio ni de estar pendientes de su tarea, que nunca se descuiden ni retrasen en su aplicación.
El mismo Sancho, bastante espabilado, se sentiría aturdido y hasta confuso, cuando viese el caos en el que se estaba metiendo. Todo, y todo a la vez y todo observado, comentado, hablado, comunicado, pensado por todos simultáneamente.
–Esta forma nueva de volverse locos no me convence nada, diría Sancho; es más, considero que sería más lógico y más sencillo intentar entender una y solo una de las acciones humanas o la simple caída de una piedra que ese maremágnum de destrucciones, números, desequilibrios, ruidos, roturas y grandezas.
–No está mal pensado, contesta Ángel.
–Si quieren hacerme caso, háganlo, y si no allá ustedes, pero tengo por seguro que mi buen señor Don Quijote habría hecho justicia a tantos bellacos, malandrines y seres retorcidos con sus malas intenciones, ya que no es de recibo considerar verdaderamente humanos a los que están más cerca de la peste que de la inteligencia sensible.
–Difícil tarea la de ser humano, añade Fabiano.





701-800

Cualquier cosa no es una isla; por ejemplo, una puerta, por sugerente que sea y por más abierta que esté, no es una isla.
La isla Paradoja no es una isla cuántica, por más que el nombre indique una existencia posible para ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo espacio. Esta isla está cerca de la isla de las Contradicciones.
De todas las dimensiones imaginables la sonrisa es la más importante y la amistad la más necesaria.
De todas las islas la más necesaria se constituye alrededor de la isla Alegría, sobre todo si es contagiosa, si es disparatada, si es dicharachera, benevolente, gozosa y camina como ingrávida.
De todas las vidas la más necesaria es la isla Sonrisa.
Democrio afirma que todas las islas son materiales, que los mares y océanos no son más que la separación necesaria para que existan islas.

Nuestros dos investigadores llegaron a LA OCTAVA ISLA, también llamada Isla de la Ilusión (en el pasado denominada La Atlántida), y comprobaron que se sostenía sobre cimientos de ensueños, utopías y quimeras, sobre pilares de ficciones, deseos y espejismos, y sobre soportes de alucinaciones y anhelos.
Allí comprendieron que la ilusión de la vida se convierte en brevedad, la ilusión del arte se vuelve fotografía pasajera, la ilusión de la duración se torna inestabilidad, la ilusión invulnerable de la juventud llega a la madurez un tanto erosionada.
Sin embargo Ángel y Fabiano no discuten sobre la impermanencia de todas las cosas ni sobre las desilusiones, hablan sobre ese saber mantenerse por encima del espacio y del tiempo, de la estabilidad que baila sobre el terremoto, de la permanencia que se manifiesta por encima de la estabilidad. Como si de una apuesta se tratara, una especie de compromiso para ser eterno durante 108 años y por saber que no hay más que beneficios en la paz interior de los volcanes hambrientos de catástrofes. Y así, como si de una esfera eterna se tratara, giran, hablan y se mueven, pero solo avanzan de forma helicoidal. La isla Ilusión es helicoidal, como una escalera que gira sobre sí misma y sobre sí misma asciende y desciende, sin término.
Mucho trabajo les costó a los dos abandonar esta isla ilusionada e ilusionante, tal era su poder de atracción que, muchos años después, todavía seguían recordándola.





Las islas Nómadas-I















LAS ISLAS NÓMADAS


Faustino López
























FIN


No quiero modificar la eternidad con mi presencia, pero podéis contar conmigo para prolongar el infinito un segundo y un milímetro más, aunque no sé si debo permanecer más tiempo en este estado. El universo debería haber intervenido ya y eliminado todas las perturbaciones planetarias que le impiden generar y mostrar el resplandor definitivo, la gloria imperecedera, la Belleza absoluta de la luz más risueña.
Si la alegría es posible, debería ser ahora. Si el Cosmos es probable, debería hacerse y configurarse ahora mismo según su palabra.
Pero ignoramos qué palabra es la que pondría todo en marcha. Ángel desconoce la realidad y solo habla  de la materia de la que están hechos los + +sueños. Fabiano ignora el mundo y cree que todo es un juego, pero no sabe qué juego es ni qué reglas tiene, ni siquiera sabe quiénes juegan en este acertado y curioso tablero.
Por otra parte dicen que en el Archipiélago de los Náufragos solo se percibe la mitad de la ilusión.


Cuando a Ángel y a Fabiano les encargaron investigar la aparición de las 7.771 islas en el Océano Atlántico nadie sabía las preguntas que había que hacer, las sospechas que deberían establecerse ni las consecuencias de todo aquel estudio.
Estaba claro que no era una aventura de ínsulas ni de encantamientos, ni siquiera parecía un episodio, únicamente parecía un trabajo más.
Les dieron 77 días para descubrir por qué, cómo y de qué manera, sin la menor explicación geológica ni lógica, habían aparecido las 77 grandes islas y los aproximadamente 7.700 islotes. Pero nadie sabía si eran 7.771 o 7.777 islas, islotes y atolones.
El método que se propusieron emplear, una vez que les plantearon la cuestión en el Ministerio de Asuntos Totalmente Exteriores, les pareció el más adecuado. Irían parando cada día en una isla, deteniéndose para observar, analizar e investigar, tanto la isla como los islotes, intentando dar con una explicación verosímil de todo lo acontecido. No es cierto que el mundo no tuviera problemas más importantes, graves y urgentes que resolver, pero no dejaba de ser una curiosidad imperiosa descifrar el enigma de las Islas Nómadas, de ese archipiélago de náufragos que había aparecido así, sin más ni más, sin ton ni son, sin razones ni argumentos, sin causas ni antecedentes, sin premeditación.
La primera hipótesis que descartaron fue la de suponer una extraña estrategia militar, una amenaza de un país enemigo que quisiera ocupar el mar y conquistar todo el tráfico oceánico. Es cierto que las islas habían aparecido a una distancia regular, exactamente a un kilómetro unas de otras, lo que no dejaba de ser un capricho curioso, una obsesión matemática, una disposición enigmática que requería una buena justificación y razonamiento o, al menos, una solución adecuada.
Necesitaron  77 días y 77 ideas para conseguirlo.
No es normal que unos días antes una persona como Ángel haya expulsado a Fabiano, su mejor amigo, de su casa. Lo lógico sería ser amables, educados, agradecidos, sonrientes, tratables. Pero no siempre somos lógicos ni amigos, ni siquiera logramos a veces ser naturales y necesarios. Hay momentos en los que parece que no somos, simplemente seguimos pareciendo humanos.
Piensa Ángel que a los seres humanos debería gustarles presentar las cosas con cierto orden, eso que se llamaba presentación, nudo y desenlace. El problema es que ahora tenemos demasiadas presentaciones, muchas introducciones, excesivos nudos e infinitos desenlaces. Todo son problemas y la cuestión es que tenemos que vivirlos, visitarlos durante un tiempo, traspasarlos por nuestra subjetividad. Y Ángel piensa todo esto porque ve que el mundo es como es y que está como está, es decir, bastante mal, y poco inclinado para dedicarse a la contemplación estética y poética.
Lo mejor de la vida de Ángel son sus encuentros con su amigo Fabiano que, entre otras cosas, fabrica láminas de papel inmaculado, que puede ser empleado para todo tipo de dibujos, pinturas, manchas y disposiciones. Y, a pesar de todo eso, un día, no se sabe bien cómo ni por qué, se enfadaron.
Ángel y Fabiano son amigos desde que coincidieron en el instituto y ya han pasado más de 40 años desde ese feliz encuentro. Los dos son todo lo felices, optimistas, alegres y vitales que las circunstancias les permiten. El único problema es que viven a varios kilómetros de distancia, por eso procuran verse cada dos meses, más o menos, y esos encuentros son tan imprescindibles como necesarios.
Los kilómetros que los separan (y los unen) son como islas que componen el archipiélago de los náufragos, cada isla existe por sí misma y, a la vez, forma parte de un delirio superior. Alguna vez han pensado juntos que cada ser humano es un náufrago, a veces huérfano, como lo es cada isla, cada continente, planeta, satélite, asteroide, estrella, sistema solar, galaxia, cúmulo de galaxias, universo, mundo, cosmos… y que de ese inmenso naufragio solo se salva la amistad, el amor, la ironía, el buen humor, la inteligencia, el arte, la belleza, la ayuda, el cuidado y tal vez alguna cosa más que ahora se les ha olvidado.


1-100

El náufrago estaba esperando una señal, una solución, un mensaje en una botella para cambiar de isla, de vida, de conversación o de órbita.
Fabiano, como todos los náufragos, también espera algo. Todos los náufragos esperan a Godot y Godot espera que no haya más náufragos.
Ángel esperaba una isla. La isla estaba esperando un signo, que no fuese un cuadrado ni un polígono ni un nuevo poliedro regular, esperaba un círculo perfecto, una esfera de oro, una clepsidra sin arena y sin tiempo, o una escalera sonriente para cambiar de náufrago. También podría servir una corona o anillo circular, un anillo de luz.
Desde que había llegado se había mantenido ocupado, habitaba en el mundo de los cuidados y de las atenciones, primero una cueva, después una choza construida con restos de madera que recogía en la playa, más tarde una cabaña de piedra. Siempre atareado, tal vez para no pensar demasiado, ya solo mantenía la mitad de la ilusión, y con esa mitad es difícil vivir del todo.
Tal es su situación que todo a su alrededor es agua, ondas suaves, mar de oro. También existen teorías insinuando que alrededor del agua todo son islas, archipiélagos o trampantojos.
Sabe que la isla está alejada del tráfico marítimo y aéreo, lejos de cualquier lugar habitado, de cualquier cultura y civilización, de la actualidad, de las noticias y de los comentarios. La isla no sale en los mapas ni en las cartas de navegación, no aparece en las imágenes que toman los satélites, nunca ha sido localizada, es como si no existiese, tal vez no exista, lo que no significa que no sea necesaria.

La primera isla es la palabra, cada palabra es una isla que se comunica y relaciona con las demás dentro del laberinto oceánico.
Las palabras nos dicen como nos sale la vida, ¡la vida!, ese es el principal negocio en el que estamos todos comprometidos, piensa Ángel. Pero la meta es el olvido, lo escribió Borges, y olvido somos y desmemoria y desencuentro y desmesura, y algunos hemos llegado antes, pronto, demasiado pronto, piensa Fabiano.
Hace años Ángel le planteó a Fabiano, medio en broma, medio en serio, dar clases de felicidad. Hay tanta gente despistada que apenas sabe cómo salir de los conflictos y embrollos en los que ellos mismos se han metido, sin acertar, después, a encontrar la salida de la botella -como decía Wittgenstein de los problemas filosóficos- es decir, de los problemas. Plantear bien las cosas ya es mucho, casi es medio camino o media solución.
Ahora estaban rumbo a la primera isla, recorriendo en barco los primeros 99 islotes. Al llegar a la primera isla hicieron, sin lugar a dudas, las primeras averiguaciones, o tal vez las segundas, si consideramos que salieron del Ministerio llenos de mapas, archivos, fotos de satélites, observaciones de aviones, datos de posición y ordenadores portátiles con todos los datos técnicos necesarios para no tener que preguntar demasiado y para empezar a extraer consecuencias y conclusiones.
Había una cosa clara, lo que provocó la aparición de las islas conocía las regularidades matemáticas, solo una de cada 100 era una isla, los otros 99 eran islotes más o menos irregulares y así teníamos, vistas desde aviones y satélites, 77 islas circulares perfectas. Y siempre en el mismo orden: 99 islotes, 1 isla, noventa y nueve islotes, una isla…Así repetido 77 veces, empezando desde Surinam, antigua Guayana holandesa, hasta Holanda. Otro enigma, otra tarea para descifrar.
EL PRIMER ISLOTE, a un kilómetro de Surinam, medía un metro de largo y de ancho, una roca que sobresalía en un mar que hasta el 29 de febrero del año 2020 nadie había visto  con anterioridad. Midieron la profundidad del mar y comprobaron que el islote parecía el capitel plano de una larga columna cilíndrica vertical de un metro de diámetro que emergía desde el fondo del mar. Ángel llegó a pensar que, si todos los islotes fueran columnas, podríamos encontrarnos ante el primer templo clásico lineal, alargado, sin profundidad, en el que todas las columnas formarían una sola fachada, un solo plano, un solo perfil, una única dimensión de lo sagrado ahora sumergido bajo las aguas del océano de una hipotética y antigua Atlántida.
Fabiano pensaba que deberían dibujar un mapa (aunque fuese inventado) de un territorio (aunque fuese inexistente) de un océano (aunque fuese cambiante).
Explorado el primero, los 98 islotes restantes eran iguales. LA PRIMERA ISLA era un círculo perfecto de 100 metros de diámetro, según sus mediciones.


101-200

Desde Olanda, la estrella que supuestamente siguieron los Reyes Magos, (Holanda en el mundo más o menos terrestre) hasta Surinam (antigua Guayana holandesa) han ido apareciendo 7.77 islas e islotes  que parecen formar el archipiélago de los isleños involuntarios. Para ser precisos hay que decir que de las 7.777 solo 77 son islas, el resto son islotes. Para ser más precisos también habría que añadir que de las 77 islas solo 7 tienen valor histórico, artístico y sentimental. Y, si hay que definirse y pronunciarse, de las 7, solo una es necesaria.
Cada una ha elegido la longitud y la latitud que ha querido, el clima frío, cálido o templado que ha deseado, así como la altitud, el grado de serenidad y hasta el grado de estupidez que están dispuestas a soportar.
Cuando alguien pasea por alguna de estas islas se encuentra siempre con personas educadas, sensatas y prudentes que caminan despacio por la vida como si lo hubieran entendido todo y supieran ya verdaderamente lo que es importante. Algunas veces pasean con un perro y se muestran amables y conciliadoras.

Fabiano recuerda que Anax consideraba que en el fondo todo es indefinido, impreciso, sin claridad ni distinción, como si no estuviera acabado del todo y se necesitasen los últimos ajustes para presentarlo como es debido. Pero Fabiano sigue trabajando y Ángel siempre le ayuda y le acompaña.
Lo que casi nadie sabe es que todas las islas e islotes están acompañados por icebergs majestuosos, inmensos, con formas tan extraordinarias y abstractas que son la envidia de los mejores escultores humanos. Algunas veces los icebergs son reproducciones en hielo de las mismas islas a las que acompañan sin hundirse ni fundirse.
Este museo de escultura al aire y al mar libre confirma al pie de la letra lo que había dicho el escultor Henry Moore, y es cierto, el mejor escultor es el mar. Aunque siempre podría añadirse que también el tiempo ayuda, y la imaginación, y la fantasía… Incluso un simple tropezar puede dar una idea.
Tampoco es fácil saber si se debe empezar por la coherencia o por los valores, si la coherencia es valiosa, si los valores deben ser coherentes, o si, simplemente, tenemos que aceptarnos con esa colección de incongruencias que se van asentando en nuestras vidas.
En este sentido piensa Ángel que, si eres de izquierdas o progresista o, al menos, no te satisface el sistema actual, no es muy conveniente vivir de las rentas, de tus apellidos, de tu familia o de las tradiciones. Se supone que se debe predicar con el ejemplo y que decir una cosa y hacer otra contraria no es muy presentable que digamos.

El segundo grupo de islotes, del 101 al 199, les pareció disparatado, absurdo y molesto, ya que no encajaba en su hipótesis del día anterior. Los islotes que emergían sobre la superficie del mar eran esferas doradas de un metro de diámetro.
LA SEGUNDA ISLA tenía la forma de un anillo o de una corona circular de 200 metros de diámetro. En el centro justo había un círculo, un “0” (cero) o una “O” gigantesca, una circunferencia o rueda perfecta que parecía parte de un potente y grandioso mecanismo de observación y cálculo de la deriva de los acontecimientos marítimos y terrestres.
Tanto Ángel como Fabiano observaron que el círculo era de bronce dorado, tan bien realizado y terminado que indicaba que solo con un instrumento perfecto se pueden hacer observaciones perfectas y adecuadas. Ángel, un poco más atrevido, llegó a pensar que lo mismo podía suceder con la percepción y el pensamiento humanos, solo un espíritu o una mente atenta, concentrada y perfecta podía liberarse de la disipación y tener la serenidad, la objetividad y la posibilidad de hacer observaciones neutrales sobre el infinito, sobre los dioses, la eternidad o la duración de los relámpagos. Hasta los místicos podrían aceptarlo y creerlo.
Fabiano no estaba muy de acuerdo. Según él las tormentas que se desataban alrededor de la segunda isla y que generaban tifones, torbellinos y tornados se debían a las irregularidades del mundo y siempre se calmaban en el centro de la isla, dada su superficie pulida y sin irregularidades de la isla. La calma y la tranquilidad también necesitan un punto de apoyo y anclaje.
No debemos descartar serias discusiones entre los dos ya que los que investigan en el espacio y en el tiempo siempre acaban observando algunos fenómenos diferentes o terminan interpretándolos de modo distinto. Si Ángel buscaba regularidades matemáticas y geométricas, Fabiano ansiaba encontrar algún ritmo oculto y desconocido que no se dejara atrapar fácilmente. Detrás, delante, arriba, debajo, dentro o fuera de las apariencias, de las ilusiones o de los engaños tenía que haber otro nivel más cercano a lo que los antiguos llamaban verdad y ellos denominaban estabilidad adecuada. Ángel discutiría la adecuación entre sus ideas, sus palabras y los hechos; Fabiano la estabilidad de sus conclusiones, los dos las circunstancias en las que estaban envueltos.





201-300

Unas islas crecen y se transforman en continentes, en planetas, en galaxias, en mundos, en universos, en cosmos, en multiversos… otras disminuyen hasta acabar siendo como rocas perdidas en el océano. Y no falta quien imagine que los planetas son como islas perdidas en el espacio.
Unas se sumergen con timidez para no ser vistas ni cartografiadas y otras se elevan como volcanes altivos, ávidas de alturas y de experiencias viajeras.
Unas se acercan para formar microarchipiélagos como si quisieran abrazarse, mientras otras se alejan de la irresistible adicción que genera el poder según las circunstancias cambiantes.
Unas se comunican como las rocas casadas de Japón (Meoto Iwa) y otras se dan la espalda porque no tienen ni un grano de arena que compartir ni qué decirse.
Unas son soleadas como si fueran residencia de la luz y otras se envuelven en nieblas hiperbóreas delicadas.
Unas son de arena amarilla dorada y están como recién bañadas, otras de arena negra quieren alcanzar la vitalidad tropical de las que acaban de aparecer sonrientes.
Unas son silenciosas y acogedoras y mágicas, otras rugientes y vulgares como multitudes; unas amorosas e inolvidables, otras molestas e intratables.
No todas las islas son habitables, pero  eso solo se sabe después de vivir en ellas muchos años. Y algunos años son como islas incomunicadas.

Fabiano recuerda que Menes considera que la isla es Aire, que la solidez es una pura apariencia, que la apariencia se esfuma a la mínima de cambio, que el cambio es el que convierte todo en todos los elementos, que los elementos evolucionan, que la evolución no descansa…

“El mundo es independiente de nuestra voluntad”, decía Wittgenstein. El deseo tarda mucho y demasiadas veces no logra hacerse real, la vida es dura, piensa Fabiano.
En cualquier caso hay que vivir, le dice Ángel. Esa es la tarea, disfrutar todo lo que se pueda sin hacer daño a nadie.
EL TERCER GRUPO DE ISLOTES, formado por los que numeraron del 201 al 299, y LA TERCERA ISLA, la número 300, tenían propiedades magnéticas, eran potentes imanes de neodimio y el barco que los llevaba tuvo serios problemas para poder resistir tal nivel de atracción magnética.
Ángel y Fabiano discutieron sobre lo que podía significar que solo esos islotes y esa isla tuvieran esa propiedad. Mientras Ángel consideraba que era demasiado pronto para descubrir algún significado, Fabiano insistía en que era adecuado que cada día, cada islote y cada isla tuvieran su oportunidad, su sentido, su encaje en un hipotético sistema en el que a las islas se les permitiese mudar, cambiar y ser nómadas. Si muchos humanos viven como anclados y detenidos, como sin vida y sin gracia, por qué no iba una isla a concentrar en sí misma toda la energía de las tormentas, del viento y de la lluvia y, así, poder moverse.
LA TERCERA ISLA era un círculo apoyado sobre una base cuadrada, parecía como si sobresaliese de una de las caras o superficies de un hexaedro o cubo. Medía 300 metros de diámetro y exactamente 30 metros de altura sobre el mar. Las aguas del océano a su lado no se atrevían a moverse ni a tener dudas ni a formar ondas. En sus cuatro lados no había olas ni mareas ni corrientes, ningún percebe ni mejillón ni lapa ni animal ni alga había podido fijarse a su superficie, tal era su poder y su extravío.
¿Qué podía significar todo esto? En el Cuaderno de Resultados los dos apuntaron sus conclusiones después de un largo e interesante debate.
“El conjunto de la tercera isla es un misterio tan indescifrable como cualquier otro”, escribió Fabiano.
“Se podrían decir muchas cosas, pero ninguna tendría sentido ahora”, apuntó Ángel.
El barco que los transportaba tuvo que poner al máximo todos sus motores para poder alejarse del lugar y superar aquel intenso poder de atracción magnética. También los marineros y los oficiales del barco empezaron a  sentirse mejor en cuanto abandonaron su zona de influencia.




sábado, 29 de diciembre de 2018

Felices Fiestas y Feliz 2019

"—No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—, mas solo sé que tan presto tuviese yo el condado como sabría regirle, que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, haría lo que quisiese; y haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear; y no teniendo más que desear, acabóse, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

–No son malas filosofías esas, como tú dices, Sancho, pero con todo eso hay mucho que decir sobre esta materia… Yo sé y tengo para mí – dijo Don Quijote– que tu manera de pensar no es muy equivocada y que viene a coincidir en lo fundamental, en mucho y en parte con la mejor filosofía de Nietzsche, con lo que muestran las esculturas móvilesde Calder y aún con el más esmerado, elegante y exquisito Budismo Zen. Y no digo más, que a buen entendedor…"

 Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha. Capítulo L de la primera parte. 
  • "—No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—, mas solo sé que tan presto tuviese
     yo el condado como sabría regirle, que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo 
    como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, 
    haría lo que quisiese; y haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, 
    estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear; y no teniendo 
    más que desear, acabóse, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

    –No son malas filosofías esas, como tú dices, Sancho, pero con todo eso hay mucho que 
    decir sobre esta materia… Yo sé y tengo para mí – dijo Don Quijote– que tu manera de 
    pensar no es muy equivocada y que viene a coincidir en lo fundamental, en mucho y en 
    parte con la mejor filosofía de Nietzsche, con lo que muestran las esculturas móviles
    de Calder y aún con el más esmerado, elegante y exquisito Budismo Zen. Y no digo más, 
    que a buen entendedor…"
     Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha. Capítulo L de la p"—No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—, mas solo sé que tan presto tuviese
  •  yo el condado como sabría regirle, que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo 
    como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo: y siéndolo, 
    haría lo que quisiese; y haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y haciendo mi gusto, 
    estaría contento; y en estando uno contento, no tiene más que desear; y no teniendo 
    más que desear, acabóse, y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro.

    –No son malas filosofías esas, como tú dices, Sancho, pero con todo eso hay mucho que 
    decir sobre esta materia… Yo sé y tengo para mí – dijo Don Quijote– que tu manera de 
    pensar no es muy equivocada y que viene a coincidir en lo fundamental, en mucho y en 
    parte con la mejor filosofía de Nietzsche, con lo que muestran las esculturas móviles
    de Calder y aún con el más esmerado, elegante y exquisito Budismo Zen. Y no digo más, 
    que a buen entendedor…"
     Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha. Capítulo L de la primera p

lunes, 23 de julio de 2018

Feliz cumpleaños

Un día antes y un día después: 

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!