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domingo, 1 de septiembre de 2019

Las Islas Nómadas-IX


4701-4800

El archipiélago es como un rompecabezas, un puzzle que podría encajar todas sus piezas y formar un todo esférico, circular, armonioso, alegre y ordenado, de un color amarillo dorado, oro amarillo, que irradiaría una vitalidad tan perfecta que solo podría ser vida, gracia e ilusión.
Por desgracia la realidad geológica y física produce tales tormentas que impiden que se aprecie tal grado de perfección.

En la isla de los Deseos Cumplidos se analiza todos los días hasta qué punto está confundida la Humanidad persiguiendo apariencias e ilusiones de baja categoría, y por qué no sabe o renuncia o le impiden perseguir la Belleza.
La llegada de Fabiano y de Ángel no mejoró las cosas, los habitantes de DesCum no eran capaces de ponerse de acuerdo en casi nada. De nada sirvieron los amenos y acertados discursos de Fabiano ni los ejemplos apropiados de Ángel, seguían sin querer ver lo fundamental.
Después de años de disputas infructuosas Ángel y Fabiano entendieron que tal vez lo que les pasaba es que algún deseo incumplido o insatisfecho les impedía salir de su altísimo nivel de narcisismo mediocre, todos se creían interesantes, inteligentes y capaces de entenderlo todo, incapaces de reconocerse limitados, de dudar.




4801-4900

Las islas se dicen de muchas maneras, se presentan de muchos modos y todas parecen accidentes geográficos, experimentos geológicos o pruebas de un mismo ejercicio de perfección que busca la Isla por excelencia.
Ese ejercicio es el que nos permite pensar o imaginar cualquier isla como una búsqueda de las mil y una gracias derramadas.
Conocido y sabido este número y estos datos cabe sospechar que cualquier variación en la disposición de las playas, composición de la flora, altura de las montañas, población humana y animal, número  de piedras, calidad de los manantiales, esplendor de las primaveras, relación de árboles frutales, acciones previstas, pasiones desatadas, lugar geográfico que ocupa en el espacio global, tiempo disponible desde su origen y cualquier otro detalle, no sería más que la muestra agradecida y sonriente de lo que se puede mostrar sin sobrepasar la capacidad de recepción estética de los seres humanos.
El éxtasis de las islas es esta representación, esta muestra corregida por la evolución estética y aumentada por la creación artística.

En la Isla Absoluta sabían que el arte que se denominaba “abstracto” no te dice cómo seguir ni te ayuda a saber si ya está acabado.
Saben que un cuadro que parece abstracto, no figurativo ni realista, a veces no es más que una copia de un fragmento de una vista de un recóndito lugar de un pequeño glaciar de Groenlandia.
El pintor, el filósofo, el escultor, el santo,  el arquitecto, el escritor, el que intenta hacer algo que  no sabe adónde va, debe ir por donde no sabe para llegar a donde no sabe, como muy bien decía San Juan de la Cruz, que sabía caminar hacia donde nadie sabe.


4901-5000

Lo que nos pasa es que hemos perdido el hilo y no sabemos dónde están las islas encantadas. Lo que nos sucede es que no podemos entender cómo y por qué cada día la isla aparece en lugares diferentes y la que estaba en el Norte cerca del continente europeo aparece ahora en medio del Océano Atlántico, en el Mar del Caribe o cerca de cualquier punto cardinal desconocido y hasta inventado.
Lo que nos ocurre es que sabemos que hemos nacido para la sonrisa y la alegría, y vamos viendo que la vida nos trae grises y palabras vacías sin encanto. Lo que valoramos es precisamente lo que éramos en la isla Paraíso y apenas podemos seguir siendo.
Las islas son tan caprichosas como el azar, sin necesidad alguna cambian y se alejan o se aproximan o se transforman en arcoíris o se prolongan en la cola de cada cometa. Las islas son así, como si lo hicieran sin querer, como si pasasen por allí, como si su ser tan afortunadas no las convirtiese en un peligroso foco de atracción.
La Belleza es lo que tiene, a veces es isla, otras es nube o duna o jardín o viento o flor invulnerable de un día.
Lo que sí está claro es que todas las islas son islas a la vez.

En el Mar de las Complacencias la navegación es un placer, todo es, aparece y se muestra como si estuviera hecho a gusto del espectador, del observador, del consumidor o del vividor.


5001-5100

No se sabe cuántas islas hay que situar en los océanos para que el archipiélago pueda volver a tener sentido, ni siquiera si faltan o sobran islas.
Sin embargo sí se sabe que la isla más lejana está a unos 735 metros de distancia en la escala de Richter.
Las islas son un espejismo, una alucinación colectiva de viajeros, geógrafos y turistas. Cuando millones de habitantes creen vivir en una isla a veces la llaman habitable o habitada, lo que no quiere decir que sea paradisíaca o afortunada, ni siquiera humana.

Los habitantes de la isla de Vivaldi no están enfermos de actualidad como los de Cronia que solo vivían el presente, desinteresándose del pasado ambiental y del futuro imprevisible.
Los vivaldianos, en otras ocasiones llamados monteverdianos, bachianos o haendelianos, son intemporales, eternos y hasta necesarios. Todo lo que sucede o pueda suceder no es más que una prolongada lista de anotaciones a pie de página de las obras de la isla Bachaldi.
No se sabe cuántas islas son imprescindibles y necesarias.


5101-5200

Las islas son imprevisibles, a veces se acercan y es como un milagro. Un milagro es que coincidan en sus perfiles y contornos, y encajen en cada uno de sus salientes y entrantes. Un milagro es que las bañen las mismas olas, las visiten las mismas mareas y las acaricien las mismas corrientes. Un milagro es que la tectónica de esferas las haya aproximado y unido durante milenios. Un milagro es que, cuando se alejan miles de kilómetros durante millones de años, sigan recordándose. Un milagro haberse encontrado y un milagro guardarse eterno reconocimiento.

La isla Limitada es aquella en la que, si existe Dios y no es exactamente como lo has imaginado, entonces no es creíble, no interesa, no es justo ni alegre ni bello ni bueno, no es verdadero ni necesario.
Si existiese un Dios que no fuese como lo has pensado. sería una falsificación absoluta, una creencia vana, pura superstición, vacío total, nada disuelta en el olvido.
Solo quien cuida es divino.
Solo si existes Dios es posible, así se entiende que el universo haya necesitado tantos miles de millones de años intentando formar tal maravilla, sin conseguirlo hasta ahora.


5201-5300

Todas las islas son islas a la vez, compatibles, composibles. Una de cada diez islas está encantada, una de cada cien islas encantadas es de una belleza tan increíble que parece inexistente, una de cada mil islas inexistentes es irreal, una de cada cien mil islas irreales es un puro sueño, una de cada millón de islas soñadas es imaginaria, en una de cada cien mil millones de islas imaginarias es donde quiero vivir.

La isla de Espinosa es la más rigurosa en la vitalidad, por eso decía que “cuanto mayor es la alegría que nos afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos”.
Aquí todos los sueños funcionan a la vez, todos son necesarios, todos completan el delirio extremo de un  universo que es Dios y de un Dios que es cada partícula.
Por eso todos los espejos forman parte del gran laberinto que precede a la Biblioteca que formamos entre todos.
El mundo de la materia visible se esconde en la niebla de la materia oscura que, a su vez, se pierde en la sombra de la energía oscura que es capaz de esconderse detrás de la nada imperceptible oscura que es parte del laberinto.


5300-5400

¿Cuál es el objetivo de una isla?, ¿por qué una isla puede llegar a  deprimirse, sumergirse y desaparecer?
Hay una isla llena de gratitud que no odia a nadie, siempre está activa pero, en alguno de sus géiseres emana toda su alegre melancolía.
Todo está bien al salir de la naturaleza, pero es insuficiente. La cantante no es calva, pero ya se ha alejado, ahora actúa en otra obra. Godot ha venido varias veces y nadie lo ha reconocido.

La isla de Miguel Ángel ha mejorado la realidad y la ha conducido hasta la perfección en la escultura, en la pintura y la arquitectura.
Otras islas no quieren aumentar el mundo real, prefieren disminuirlo, consideran que lo que hay que aumentar es la mejor ficción.
La realidad a veces es la mejor ficción, sobre todo si consideramos que mundos, universos, cosmos, galaxias, estrellas, planetas, satélites, asteroides, cometas… son esculturas móviles calderianas.
Lo decía Nietzsche: “La verdad es un ejército móvil de metáforas”.



5401-5500

En la isla Lentitud la ola de movimiento retenido avanza un metro cada día y llega a cien metros de altura, el agua está como retenida en una imagen que al pasar por encima no ahoga ni destruye ni inunda, solo llena de fulgor translúcido la playa de los seres alados.

En la isla Lluvia todos son melancólicos.

Estamos en la isla de la Máxima Altura, la isla Vertical, la isla que asciende, la isla del Cielo, el Monte Carmelo.
El Dios-Diosa cuántico existe y no existe a la vez, los creyentes son ateos a la vez y en el mismo instante y sentido, los agnósticos afirman y dudan simultáneamente, los ateos confirman la existencia de los dioses inventados, los creyentes son escépticos con los fanáticos del ser y del no ser. Los dioses no saben a qué atenerse.



5501-5600

La isla Amarilla recibe ese nombre de las mariposas amarillas que la visitan, millones de mariposas que logran así darle ese color a la tierra, a las rocas y a todas las plantas. Todo es tan extraordinario que parece increíble y hasta inimaginable. Alguna mariposa es blanca y también es bien recibida.

Ni Fabiano ni Ángel olvidarán nunca la isla Vertical, isla de las Concordancias, isla de hielo, isla que flotaba en medio del océano.
Mientras ascendían iban sintiendo la delicadeza del esfuerzo, del agotamiento, de la fuerza de voluntad empleada en cada paso.
Mientras llegaban a la nieve no podían dejar de admirar la perfección de que existiese tal modalidad de la materia, estaban fascinados, estaba nevando en la Luna, en Marte y en los anillos de Saturno, en toda la galaxia Vía Nevada, en todo el universo blanco.
Podían descubrirlo, pero todavía no lo sospechaban, los componentes más elementales de la materia no eran los átomos ni los electrones ni los protones, no eran los quarks ni los bosones, no eran los leptones  ni los gluones, eran todos y cada uno de los copos de nieve depositados con delicadeza, con furia o con esmero en la tierra que merecía el gran premio y la mejor recompensa.


5600-5700

La isla de las Oropéndolas está abierta a todos los horizontes, se deja visitar por águilas, cóndores, pelícanos, abubillas y albatros. Todas conviven y  saben compartir colores y distancias.
En esta isla siempre suena la música de Juan Sebastián Bach.

La isla de Dante es la isla de la Divina Comedia, del divino don de la Alegría, de la prodigiosa existencia de la Belleza sonriente.
Por eso vuelan los poetas y escriben las aves en el aire y la luz juega con todos nosotros.
Por eso la vida es bella, tan bella que nos excede y obliga a la mayoría a acostumbrarse para no perecer de inanición contemplándola.
Ángel y Fabiano, acostumbrados como están a ver maravillas, advierten el privilegio y el honor de encontrarse en la isla divina, en la comedia alada, en el vuelo inaugural.


5701-5800

La isla Verdad es la más alejada, la que tiene el acceso más difícil, siempre parece fundirse en niebla o desvanecerse, o cambiar o complicarse. Cuando crees conocer sus accidentes, cuando estás seguro de haber completado la carta geográfica y de navegación que te permitiría orientarte, la isla te sorprende con un hallazgo nuevo, con una erupción de nuevas playas, con una marea de nuevos arrecifes y acantilados. Es una isla esquiva a la que ningún navegante sincero se ha atrevido a decir que ha llegado, lo que siempre permite mantener la ilusión de seguir navegando.

Ni Fabiano ni Ángel podían creer lo que estaban viendo, una isla que era una columna vertical de hielo que se perdía en las alturas, a la que no se adivinaba el final. Hielo azul, hielo verde, blanco y transparente.
No había costa ni playas, solo ese inmenso acantilado de cristal helado sobre el que volaban en círculos gaviotas, pelícanos y cormoranes que no podían anidar en sus paredes verticales porque no había grietas ni resquicios en los que apoyarse. Las aves procedían de las islas más cercanas.
Esta isla también se llamaba Isla de la Armonía porque, al parecer, el viento, al rodearla, emitía una vibración que fascinaba a las aves, a los marineros y hasta a las mismas sirenas. Muchas aves, encantadas por la dulzura del sonido, se olvidaban de regresar a sus nidos, de comer y hasta de descansar, y desfallecían en pleno vuelo; pasando sin transición así del éxtasis divino a la muerte más dulce, tan suave que pasaba inadvertida.
Muchos barcos y tripulaciones sufrieron la misma suerte ya que se sabe que agotaron su combustible, sus víveres y su existencia girando una y otra vez alrededor de la isla sin encontrar manera de acceder ni de alejarse. La isla Inaccesible era Invulnerable, ni siquiera el calor fundía el hielo, al contrario, era el fuego el que se helaba y quedaba congelado como si lo parasen.
Dicen algunos geógrafos que la Montaña de Cristal, situada en el Alto Dolpo, Nepal, es una ruta de aproximación a esta isla. Por eso los monjes budistas una vez al año hacen un recorrido ceremonial circular alrededor de la montaña que no parece de cristal.


5801-5900

En la isla Clásica llueve los miércoles por la tarde, la longitud está sometida a medida y regularidad y pocos se atreven a hacer experimentos.

En la isla del Color sucedía algo extraordinario, todo estaba elevado dos metros por encima de su posición habitual en cualquier otra isla dominada, gobernada y controlada  por la Ley de la Gravedad.
No era fácil entender por qué aquel rojo era tan intenso ni por qué esos amarillos, azules, verdes o naranjas eran tan completos.
Ángel sospechaba que en aquella selva alucinante de colores y formas tenía que haber un misterio descifrable que les permitiese entender el brillo, la intensidad, la luminosidad y hasta la inocencia de las cosas.
Fabiano, sin embargo, no estaba tan seguro, un poco más escéptico imaginaba que la isla y sus árboles eran así y que no había manera de entender el esplendor de la coloración de tucanes, colibríes, guacamayos y abubillas. Simplemente el mundo era así, maravilloso, encantador, espléndido y divino, y no era muy razonable buscar otra explicación ya que cualquier razón exigiría otra anterior o posterior y esa, a su vez, una previa y así hasta la vejez y el agotamiento.
Consideradas así las cosas, los dos llegaron al acuerdo de escribir en su informe que, dada la calidad y cantidad de colores presentes en la isla, habría que considerarla una parte fundamental del Paraíso o el Paraíso mismo de la Ingravidez incipiente.
Los dos se guardaron muy mucho de escribir ciertas suspicacias que les había producido tanto exhibicionismo, galantería y derroche de colores. En cualquier caso preferían ese exceso y sobreabundancia de colores que un  mundo en gris y en negro.



5901-6000

En la isla que habla se dicen cosas maravillosas, te hablan al oído y solo se hacen planes fascinantes para caminar juntos y creer en lo que puede salir bien. En esta isla el silencio complementa a las palabras y las miradas son inacabables.

El Mar del Gozo es el preferido por casi todos los navegantes, lo que no quiere decir que los más intrépidos no se atrevan a dirigirse hacia el Norte o hacia el gran Sur para verse rodeados por icebergs resplandecientes. En realidad el Mar del Gozo es cualquier mar favorable en el que te encuentres, cualquier circunstancia amable, cualquier mundo acogedor, toda santidad que acoge, cuida y abraza.
Debería ser obligatorio navegar por estas aguas al menos una vez en la vida; debería ser necesario vivir así, rodeado por la sonrisa más libre y más amable, debería ser una exigencia racional componer el mundo de tal modo que llegar a él fuese una fiesta, una bienvenida solar, una invitación a la Alegría. Desde este punto de vista todas las vidas son la vida de Ángel y de Fabiano y los millones de vidas de todos los habitantes del planeta son las realizaciones de una vida tan elocuente como disparatada.
Según los calendarios oficiales el barco que los trasladaba solo pasó un día en este mar, aunque todos sabían que ese día había durado años y que seguiría acompañándolos toda su vida. Tal era la intensidad del gozo recibido que el agradecimiento solo podía ser eterno. Quien ha merecido ese encuentro no puedo esperar más porque no hay más ni mejor ni de mayor duración, porque ese es el Mar que hay que navegar. Platón decía que es “el preludio del aire que hay que respirar”.


6001-6100

La isla Realidad dicen que está poblada por casi siete mil millones de habitantes, de los cuales poco más que la mitad son humanos.
Es la isla más difícil de soportar, quien llega a Realidad normalmente sale frustrado, agotado o decepcionado. Pocas veces se cumplen los sueños en esa isla, para eso es mejor ir a las Islas Superiores.

La isla de Henry Purcell no se había visitado desde el 21 de noviembre de 1695. Muchos habían oído y escuchado sus músicas y cantos, pero ninguno se había detenido verdaderamente a sentir la maravillosa levedad del ser y del existir de un músico que, viviendo tan solo 36 años, compuso músicas celestiales y amistosas que ahora dirigían el movimiento de las olas, indicaban la marcha de las mareas y la dirección de las corrientes.
Ningún barco se atrevía a desobedecer las leyes de la hidrodinámica purcelliana ni las de la alegría cuántica.



Las Islas Nómadas-VIII


3501-3600

En el principio fue la isla del Círculo Perfecto, poco después llegó el aire y se renovó la vida hasta llegar a ser tal y como la conocemos hoy.
En esa isla no hay semáforos.
Antes de la primera isla estaba la singularidad y antes el deseo.
Y antes del deseo existía un plan para que se encontrasen círculos y cuadrados y viviesen la cuadratura del círculo.

En la isla de García Márquez, como en el resto de los mundos, en pocas ocasiones los seres humanos son capaces de sacar lo mejor de sí mismos,  de florecer desplegando sus mejores intenciones y de mostrar todas las maravillas que guardan en su interior. Pocas personas se atreven a ser divinas, a emprender el largo camino del acceso a la luz.
La luz, esa luz caprichosa que instantáneamente va y llega y se dirige a todos los rincones del mundo y cuando quiere no va y es penumbra, sombra, obscuridad, extravío, confusión sin alas ni ángeles.
Esa obscuridad que algunos dejan que se instale en su interior y que devora su ilusión. Qué poco les sirve a algunos todo el bien recibido.



3601-3700

En las islas del Norte no se acostumbra a decir la verdad sobre ningún asunto, mucho menos sobre las fiestas de las islas del Sur.
Las islas intermedias, más templadas en sus juicios, hacen lo que pueden para sobrevivir entre los dos extremos, pero su virtud no reside ahí sino en saber que las apariencias existen y que los simulacros también son reales. La sabiduría en este caso consiste en aceptarlas y asumirlos y así residir con alegría en todas las indefiniciones.

La isla de Parménides está construida para el orden. Casi siempre se construye para el orden, casi todo se destruye con el tiempo, algunas cosas se rehacen para darle una nueva oportunidad al cosmos, algunas veces el cosmos es capaz de empezar de nuevo.
El orden del tiempo es ingobernable.
El mundo es independiente de mi voluntad, de toda voluntad. El mundo es independiente de Wittgenstein.


3701-3800

En la isla Continua no se admiten relojes ni pasa el tiempo ni a nadie se le ocurre decir ayer, hoy o mañana. Todo es un presente o pasado o futuro continuo. No hay definiciones ni distinciones.
Al que se atreve a insinuar que antes o después las cosas cambiarán se le considera un ser continental, caído en el tiempo, rendido a la realidad, perdido para la vida tal y como se la concibe en el Ecuador de los anillos.

La isla de la Alegría a veces es incompatible con el tiempo.
Con demasiada frecuencia es domingo y llegan los jueves como si cualquier cosa. Es enero hoy y mañana noviembre como si todo fuera posible. Tienes ahora veinte años y pasado mañana sesenta. Has nacido y ya quieren jubilarte. El desorden del tiempo es imparable.
El tiempo menos pensado se cuela por las aristas de cada momento, con absoluta facilidad llega el lunes y no sabes lo que te espera el miércoles siguiente. Es abril y llega la primavera y no quieres enterarte. Tienes toda la vida por delante y te detienes como si no fuera contigo.
Es posible que Ángel y Fabiano sintieran y supieran que los martes son dichosos, que febrero o junio son alegres y capaces de ejercitarse en proyectos y viajes de extraordinaria elegancia, que el ayer era divino, que hoy es fabuloso y humano, que mañana es y será y era extraordinario.
A Ángel nunca se le olvidará la sonrisa que lo ilumina todo ni a Fabiano el honor de mirarla. Los dos saben que la alegría produce sonrisas, que sonreír alegra la mente, que el cerebro acaricia los músculos, que la vida imita al arte más elevado.
No es transfiguración ni elevación, no son mariposas. No es epifanía ni descubrimiento, no son los anillos de Saturno. No es invención ni hallazgo, no es el interior de la luz. No es ni creación ni inspiración, no es lo sagrado. Se parecería más a esa galantería con el cielo, de la que hablaba Lorca.
Más arriba y más abajo, como en cualquier escalera. Sin flotar y sin pesar, como una conformidad serena con el mundo, pero sin llegar al “Extasis de Santa Teresa” de Bernini. Como si los dos hubieran ya aceptado lo que son y hubieran sintonizado con la más pequeña de las vibraciones, pero sin darse importancia.
Tal vez era aquello de lo que no se podía hablar en tiempos de Wittgenstein y de lo que hoy ya no podemos si sabemos callar. Fabiano y Ángel siguen viajando y todos los relatos que les cuentan son parte del camino; tampoco saben si hay o no hay camino ni si se hace, se descubre, se inaugura, se inventa o se crea al andar, como sugería Machado.
No saben, pero tampoco ignoran. No exigen, pero tampoco se conforman. No se adaptan ni son inconformistas. Leen sin llegar a ser eruditos, se informan sin querer ser bibliotecarios, piensan pero no quieren que les den siempre la razón ni tener “la cara del que sabe”, que cantaba Amancio Prada.
La isla de la Alegría es el sentido de todas las existencias.



3801-3900

La primera isla, según los expertos, es la que reúne la altura de la más elevada, la elegancia de la más bella, el encanto de la más Graciosa, la serenidad de la más elaborada y hasta el escepticismo de la más alejada de todas las rutas marítimas conocidas.
Iniciar una ruta desconocida, esa sí que es una tarea ilusionante.
Hay islas para todo. De hecho hay islas que parecen continentes, otras parecen planetas, incluso hay archipiélagos que toman la forma de galaxias.

La isla que está a la mitad del recorrido (ya que hay 38 islas hacia el oeste y 38 hacia el este), se conoce como Isla del Amor. Muchos son los llamados y pocos los elegidos, muchos los que se creen artistas en lo que hacen y muy pocos los que llegan verdaderamente a serlo, demasiados los que ignoran los peligros de las islas enamoradas y muy pocos los que saben navegar con calma por aguas procelosas, muchos los que dicen que han oído que han dicho y pocos los que han escuchado, muchos los que se mueven y viajan y muy pocos los que llegan, y menos los que llegan a sí mismos.
Cuando Ángel y Fabiano llegan a la isla Mitad del Recorrido saben que han olvidado algo; aquí debían esperar algo, pero no saben qué. Algo tenía que ocurrir, pero no aciertan a reconocerlo ni a recordarlo. Tal vez era que ya habían pasado por la mitad de su itinerario y que, por tanto, ya solo les quedaba la mitad de su peregrinación circular. Tal vez era otro asunto el que los había llevado hasta allí.
Tendrían que poner más atención y fijarse en todos los detalles.
La isla era una corona circular perfecta y es posible que eso significase algo. Incluso una vez desvelados todos los significados, cabe pensar que no todo estará resuelto.


3901-4000

Las islas intermitentes son y no son, existen durante un tiempo y dejan de existir durante otro, están en su localización durante meses y desaparecen durante unas semanas, son materiales en ciertos períodos y referencias geográficas otros.
Nadie sabe a qué atenerse con ellas. En general, si fuéramos sinceros, tendríamos que reconocer que nadie sabe a qué atenerse sobre casi nada.

Todo ha salido mal y, a pesar de todo, siguen sonriendo. Todo es absurdo, pero absurdamente alegre. Estamos en el Mar de la Satisfacción.
Hay excepciones, hay embajadores, enviados del Cielo que nos hacen ver la verdadera Belleza y el inmenso esplendor de lo que es.
A veces eso es suficiente, como un cuerpo vivo y feliz que tiene, sin embargo, ciertas limitaciones; una cicatriz, un grano, una mala digestión, un dolor de cabeza.


4001-4100

Las islas Afortunadas son las que no conocen el tiempo ni la ausencia, aquellas donde se ignora lo que son las fronteras, las banderas, los independentismos, los egoísmos y las mezquindades, los nacionalismos, los provincianismos, los localismos….
Los primeros exploradores de estas islas las llamaron así porque estaban libres de todos los males, ambiciones e injusticias que inundan las islas y las sociedades humanas.

Atravesar un espejo y ver otro espejo y después otro.
Mirarse en un espejo y ver tu propia espalda, como pintó René Magritte escuchando la Obertura del Orfeo de Claudio Monteverdi.
Mirar a un espejo y ver a tu alrededor toda la belleza disponible de los laberintos.
Atravesar todos los espejos y sentir lo que decía Espinosa: “Cuanto mayor es la alegría que nos afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos”.
Y, al final, mirar en un espejo para formar parte del Cosmos.
Cuando Ángel se miraba al espejo veía a Fabiano, cuando Fabiano se miraba en un espejo veía a Ángel.
Cuando Dios se hace visible es el Cosmos, cuando el Cosmos se hace invisible es Dios.
Cuando Dios se mira al espejo aparece el Cosmos Universo Mundo, cuando el Cosmos ve su propio reflejo aparecen los dioses, las leyes de la Naturaleza, los principios fundamentales,


4101-4200

No hay noticias de la isla Maravillosa, la que producía fascinación y éxtasis a partes iguales a todos los navegantes, desde Ulises hasta el más humilde de los marineros de cualquier barco poco inquietante.
Según algunos geógrafos se ha podido divisarla por última vez en unas coordenadas inciertas e inseguras de imposible localización. Tal vez sea eso lo que hace que sea tan interesante.
Se ha intentado localizarla con Sistemas de Posición Global, satélites espías y mapas antiguos. De momento sigue en paradero desconocido.

Nada más llegar a la Isla de lo Posible Ángel y Fabiano fueron juzgados y sentenciados:
–Han sido condenados a Pasión Permanente Revisable.
–¡No, por favor, no nos hagan eso!, dijo Ángel.
–Es la condena que merece su conducta inconsciente.
–¿Quién podrá soportar vivir toda una vida apasionada?, comentó Fabiano.
–Eso tenían que haberlo pensado antes.
–Es posible que alguien pueda intentarlo, pensó Ángel. Peor sería vivir sin motivo.




4201-4300

Las islas que saben deberían ayudar a las que no saben y están perdidas en la niebla, ayudarlas a valorarse y a descubrir su lugar en el mundo.
Aunque tal vez eso sea mucho pedir, mucho más que lo que están dispuestas a dar.
La isla Invulnerable es aquella en la que todos los seres no son el esperado, en la que todas las personas no son la deseada.

La isla de Heráclito cambia de lugar constantemente. En cualquier caso eso no implica desconcierto ni desencanto.
Ángel y Fabiano, después de haber visitado y vivido la vida incesante, decidieron quedarse con los aciertos de la vida, con la salud de las nubes, con la sonrisa del descanso, con la tarde arreglada, con las palabras delicadas y con la justicia poética.
Apreciaron la risa acompañada, la madurez sonriente. Aceptaron al que hace la fotografía y sabe y conoce que es afortunado, al que convierte cada paso en celeste, al que pronuncia cada palabra con amor y respeto.
Disfrutaron con las letras y las personas que se atreven a ser divinas, con las pinturas que se acercan a la perfección, con las miradas que sanan, con la vida que no ofende, con el trato delicado.
4301-4400

Hay una isla con un volcán de gran altitud en su centro, raro es el día que no hay una erupción de un líquido espeso que parece compuesto de cera y lágrimas, se mueve como si fuera lava y desciende con lentitud hasta acabar solidificándose en una especie de ámbar semitransparente que contiene en su interior todo el entusiasmo de la vida y la melancolía de perderla.
A esta isla solo se puede llegar tras un proceso de iniciación ritual tan largo como extraño, hacen falta años de pacientes recorridos por los propios recuerdos para llegar a entender y a sentir la verdad de las altas palabras que allí se contienen.
Toda la isla está llena, sea cual sea la dirección hacia la que se camine. De esas inmensas lomas redondeadas que parecen y son a veces lágrimas petrificadas, transparentes joyas del mejor pasado que pudo haber sido.
No es posible saber todo lo que allí se encuentra.

La isla de Leonardo da Vinci está llena de ingenios. De todos modos en ella también el amor es tan fácil como la vida. El amor puede imaginarse, pero cómo se imagina una vida desplegada en cada momento.
A su lado está una isla, aunque se encuentra a cientos o a miles de kilómetros de distancia. Hay una vida mejor, pero es más elevada y pocos consiguen mantenerse a la altura y con el equilibrio necesarios para merecerla.


4401-4500

En la isla Nolanda no se pueden hacer fotografías, no salen, no aparecen, allí todas las cámaras fallan. Algún misterio indescifrable hasta el momento impide que las imágenes se fijen en algún soporte, que los recuerdos aniden en alguna memoria, que las apariencias engañen de alguna manera.
Los que alguna vez han estado allí, o de eso presumen, sugieren que algo parecido a un sueño los ha perturbado, que la isla en realidad no existe, que allí nada es real, ni siquiera el mar que todo lo llena.

La Isla del Encanto es el territorio preferido de todas las exploraciones. De la alegría hacia arriba, del gozo hacia el Norte, del contento hacia los trópicos, de lo que vive y respira y es bello, de lo feliz hacia todas partes.
En esta isla, de apenas un kilómetro de diámetro en su base, emergen las montañas más altas de la tierra y, cuando toda va bien, por un proceso que los meteorólogos denominan inversión térmica, en las alturas máximas hay una temperatura primaveral exquisita. Es el paraíso vertical de todos los montañeros.
4501-4600

En la isla Gran Mentira nunca se decía la verdad, Epiménides -que en el pasado había sido cretense- afirmaba que todos los habitantes de esa isla eran mentirosos y que, por eso mismo, decían siempre la verdad.
Lo que parecía una paradoja lo era y no lo era. Si todos eran mentirosos al menos se sabía que lo eran y eso sería verdad. Pero nadie sabía el alcance de esa verdad ya que si eran buenos mintiendo es posible que mintiesen también sobre la isla y que no fuese una isla, que no existiese la mentira, que Epiménides no fuese el que decía ser y que ni siquiera lo que decían tuviera sentido.

La isla de Douglas R. Hofstadter es una de las más interesantes de todo el archipiélago Desconocido, en ella la luz de velocidad infinita ilumina y muestra el universo entero en este mismo instante, no hay que  esperar miles de millones de años terrestres para conocer el devenir del Todo.
Otras veces la luz, casi siempre caprichosa, avanza muy despacio y un simple ser humano con una linterna en la mano avanza en las tinieblas, a la intemperie, mientras su pequeño haz de luz se queda atrás, perezoso, sin ánimo.
La luz, tantas veces usada para ver mentiras y miserias, a veces se niega a obedecer a sus propias leyes y no quiere iluminar las vidas desatentas.


4601-4700

Las islas afortunadas son las que se tienen a sí mismas y no necesitan ni desean nada más que todos los océanos y universos a su alrededor.
La isla de los 1.000 faros está muy cerca de la isla que no tiene faros ni luces de señalización marítima, a cambio la isla sin señales luminosas es redondeada, no tiene olas bravas y su mar es tranquilo.

La isla de Demócrito es la más atomizada, está compuesta por miles de trillones de islas infinitesimales y se sabe que las islas no saben leer.
La isla, como las galaxias, no saben leer ni escribir ni dar sentido a las necedades.
Las galaxias, islas de otro archipiélago que se ha dado en considerar de mayores dimensiones y llamar, no sin razón, Cosmos, no se imaginan lo que ha ido pasando en su interior, como las palabras que componen el libro cerrado de Don Quijote no se imaginan las hazañas y los sentidos que contienen y se despliegan en su interior.




Las Islas Nómadas-Vii


2901-3000

Cuando una isla quiere saludar a otra le envía una bandada de albatros, una corte de cigüeñas, una aurora boreal o austral (casi es lo mismo), algunas botellas con mensajes elogiosos o una agrupación de delfines entrenados.
La otra isla entiende de inmediato el sentido y la intención, prepara reglas, escuadras, cartabones y transportadores de ángulos, calcula y revisa las distancias y prepara su mejor perfil.
Solo entonces muestra su mejor trayectoria y las dos islas pueden aproximarse. Hay geógrafos que quieren ver en este proceso de acercamientos una especie de rituales de cortejo. Todo es posible en el mundo de las islas cronopiales.

Lo más gracioso y difícil de este archipiélago de islas nómadas es que hacen honor a su nombre y cambian de posición cuando quieren. A veces es como si siguieran al pie de la letra las indicaciones del famoso Principio de Incertidumbre de Heisemberg, porque eso es lo que producen en navegantes y geógrafos, incertidumbre, duda, indefinición e inseguridad.
A veces vamos en busca de la isla de la felicidad y no la encontramos porque se ha ido al Mar Multicolor. En otras ocasiones, cuando nadie buscaba otra Isla de la Belleza, aparece en la corriente de la Vitalidad. No es extraño que los cartógrafos hayan abandonado toda pretensión de elaborar un mapa o carta de navegación que sirva para generaciones futuras ya que ahora no sirve ni siquiera para las generaciones pasadas. Estos mapas son perfectamente inútiles y, por eso, tan interesantes y valiosos; aunque, para ser sinceros, ya solo les interesan a los amantes de lo eterno y de lo clásico, no de las antigüedades.
Cuando Ángel y Fabiano llegaron a la Isla Multicolor no podían creérselo, de nuevo comprobaban que era cierto lo que decía Rainer María Rilke: “Porque lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible, justo lo que nosotros todavía podemos soportar, y lo admiramos tanto porque él, indiferente, desdeña destruirnos. Todo ángel es terrible”. Si un ángel es terrible cabe imaginar lo que será un Dios, una Diosa. Por eso, aunque lo arriesguemos todo, buscamos la rendija, la pequeña evidencia de la huella de su paso por la nieve invulnerada.
Fabiano, más decidido, consideró que seguir el rumbo que se habían propuesto era lo mejor que podían hacer. Si aparecía o no la isla nº 30 no dependía de ellos, serían los dioses, el destino, el azar o el azahar los que  deban responder, porque ya se sabe que el espíritu sopla donde quiere y alcanza a quien considera y, si le hace perder el juicio, lo pierde. No es que Fabiano clamase al cielo y que el cielo no lo oyese o le cerrase sus puertas y ventanas, no es que quisiera hacer responsable de todo a las alturas, no es que quisiera pasar por irresponsable, es que es lo que había que hacer en ese instante.




3001-3100

Las islas que se niegan a crecer y pierden el tiempo sin contemplaciones son calificadas desde el Ministerio de Ordenación del espacio Marítimo, como inmaduras. No llegan a tener la superficie suficiente para construir un aeropuerto ni una urbanización nueva. Solo quieren crecer hacia arriba y, desde su pequeña base, alcanzar la altura de las nubes, de las aves y de las estrellas.
Con suerte, las de cielos más despejados, albergarán observatorios astronómicos con telescopios y radiotelescopios tan elegantes que serán la envidia de las mismas estrellas y que les permitirán ver y escuchar lo que ha sucedido en las islas más lejanas de las más remotas galaxias.

La isla de Philip Glass es compleja, cuando Ángel y Fabiano llegaron se dieron cuenta de que allí la luz no está obligada a abrirte la puerta, que existe una luz más lenta que se detiene y se recrea en los detalles, que avanza a tu paso, que hasta el mismo silencio se inclina contigo y que el laberinto tantas veces perseguido se había perdido en sí mismo.
Como en un sueño, tanto Fabiano como Ángel regresaron al edificio en el que habían trabajado, se sentaron en una mesa como otra cualquiera y, sin saber cómo ni por qué, a su lado, en una silla vacía, apareció sentada la figura que representaba el ideal de lo que es bello, suave, alegre y delicioso.
–Hola, se atrevió a saludar Ángel.
–Hola, Buenos Días, dijo Fabiano.
–Os saludo, contestó.
–¡Qué sorpresa tan agradable!, añadió Fabiano.
–Sí, más que una sorpresa, un milagro infrecuente, comentó Ángel mirando sin ánimo de molestar.
–No te esperábamos, intervino Fabiano.
–Yo tampoco lo esperaba, pero merecéis una explicación.
–Nada sabemos, pero “lo inesperado esperamos” y a ti siempre te esperamos, dijo Ángel casi llorando.
–Soy yo quien debo disculparme, la persona que no se presenta o la que se marcha es la que debe justificarse.
–No tienes que hacerlo si no lo deseas, añadió Fabiano.
–Si me he sentado a vuestro lado, si he aparecido es porque quiero deciros algo.
–Gracias, susurró Ángel.
–No se puede tener todo, no se puede estar a la vez en todas partes, no podemos abarcarlo todo ni entenderlo todo, tenemos que seleccionar, es preciso elegir…
–Qué quieres decirnos, interrumpió Fabiano.
–Quiero deciros que, aunque la vida hubiera sido perfecta a vuestro lado, los tres juntos, no siempre es posible hacer todo lo que uno desea.
–Gracias de nuevo, repitió Ángel.
–No, gracias a vosotros por esperar, por no guardarme rencor, por agradecerme hasta las despedidas, por ser nobles y elegantes.
–No debes agradecernos nada, solo cumplimos con nuestro deber, con nuestro placer, dijo Fabiano.
–¿Cómo podríamos hacer otra cosa?, ¿acaso es posible otra cosa?, preguntó Ángel.
–Sí, hay tantas maneras de hacer las cosas mal, hay tantas formas de estropearlo todo y tan pocas de ser y de parecer generosos.
–Somos lo que alguna semilla de luz ha implantado en nuestros corazones, añadió Fabiano.
–No entremos en disputas para saber quién es el más amable y complaciente, sé lo que os debo y lo que nos hemos perdido, pero también sé que no se podía hacer otra cosa.
–Curioso mundo es este en el que todo está fijado y no se permite mayor valentía que aceptar lo inevitable, dijo Ángel.
–No sé si la resignación es la única respuesta, añadió Fabiano.
–Existe la posibilidad de compartir, de ampliar la vida y la familia, de insistir en el conjunto y no en las partes, de sumar alegrías y encuentros, de sonreír por mil motivos y razones, de agradecer que el mundo se haya ampliado y te haya mostrado las pruebas de la existencia de la perfección, comentó Ángel con entusiasmo.
–Todo eso es verdad, pero casi no es posible. Los seres humanos somos limitados, finitos, muchas veces incapaces de aceptar otra invitación que no sea la de siempre. Cambiar de vida es difícil.
–No es necesario cambiarla, lo que es preciso es no permitir que disminuya, concluyó Fabiano.
–Permítamos que la vida prosiga su camino, nuestro camino.



3101-3200

La isla más pequeña puede tener millones de náufragos, también conocidos como habitantes. Estas no son las islas más interesantes.
Los archipiélagos que brillan en la noche también son conocidos como archigalaxias y no son más que cientos de miles de millones de islas alejadas unas de otras sin más criterio y sentido que el que permitieron ciertas leyes naturales que parecen ser así y que tal vez podrían haber sido de otra manera. Nadie lo sabe.

En la Isla del Cielo aparecen pruebas de la existencia de la Diosa y del Dios de la Belleza y siguen sin aparecer y sin mostrarse evidencias y pruebas de la existencia de los dioses del rigor virtuoso y de la bondad forzada.
Por eso Fabiano y Ángel eran felices a manos llenas, eran felices como si no hubiera nada mejor que hacer, como si fuera lo debido, lo más productivo  y lo adecuado en cada momento, como si tal cosa, como lo que todos tendrían que hacer a todas horas si lo pensaran adecuadamente.
Eran felices como si saltasen un bordillo con facilidad y sin tropezar, como si todo fueran obstáculos suaves, como si fuesen a la deriva y la deriva fuera buena y no fuese necesario pensarlo, como lo que había que hacer, como respirar y aceptar lo evidente y rendirse ante lo necesario.
Eran felices como quien camina dulcemente en la nieve, en un hayedo, en un bosque entre las hojas amarillas que caen, como si el cielo bendijese cada una de sus pisadas y de sus decisiones y el destino consistiese en adivinar precisamente esa felicidad que sentían.
Eran felices sin contratiempos, sin malograr nada, sin dejar muertos ni heridos ni extraviados ni desaparecidos, como si Sísifo estuviera condenado a sonreír en la dicha y el gozo en cada ascensión a las montañas y así una y otra vez y eternamente, como si todo fuera un cuento, el que nunca se acaba.
Eran felices también cuando tuvieron que dejar la Isla o cuando la Isla Celeste se alejaba acercándose más a ellos.
Quién podría descifrar el enigma de la isla que se acerca alejándose de todos los centros y de todas las previsiones.
No lo sabían.


3201-3300

Antes de que las islas fueran islas, comenzaron por ser apenas unos arrecifes sumergidos, unas rocas volcánicas, caprichos submarinos.
Del sorteo anual de amaneceres siempre surge algo nuevo, así emerge una nueva isla que nace con toda la ilusión intacta, la evolución sin estrenar y que todavía no tiene líquenes ni historia ni ferrocarriles.
Hay islas que solo existen veinticinco minutos o dos meses y hay una rama de la microgeología que estudia estos caprichos diamantinos.
Las islas más perfectas atraen a los seres voladores que caminan por la nube Gloria Matutina de más de mil kilómetros de longitud. Saben lo que hacen.

La isla de Aristóteles es lógica. Cuando se apague la luz, caerá el edificio. Cuando cese la sonrisa, terminará la ciudad. Cuando se vayan las palabras, terminará el mundo.
Y eso no es todo, cuando el día es gris, frío e interminable, casi desaparece la alegría. Entonces es necesario buscar lo poético, caminar entre la belleza, permitir que lo mejor florezca y dirigirse hacia el fin más perfecto.
La isla más coherente también exige la amistad más sociable, la sonrisa más sincera, el amor más agradable, la virtud más complaciente, el vigor más animoso, el cuidado más amable, la alegría más directa, el conocimiento más gozoso, la vida más dispuesta.
La isla más meditada se mide en cuadrados perfectos, en tratados medidos, en saberes rigurosos que estudian cada vuelo de las mariposas y los caprichosos juegos que explican la caída de las hojas de los árboles en otoño.
Todo debe ser estudiado en esta isla, todo debe ser mirado con agradecimiento, todo contemplado con asombro, todo pensado con admiración, todo meditado como si ese despliegue de gracia y materia fuese una entelequia.
En esta isla poco tenían que añadir Ángel y Fabiano, todo estaba explicado, todo era catalogado en el inmenso Atlas en el que cabían todos los conocimientos.
Todo el saber era y es necesario.


3301-3400

Dicen que hay islas volcánicas que se dan a sí mismas una segunda oportunidad y, antes de hundirse y desaparecer, estallan en sonrisas de tal intensidad que otros astrónomos absortos, fascinados, alegres y felices, desde otros planetas, llegan a contemplar como supernovas.
Pero no todos los estudiosos de los astros isleños tienen la suerte de ver el amanecer de una isla mágica, divina y espléndida. Casi todos han reducido su vida a estudios que abarcan la luz emitida, la radiación, la composición de la materia y el halo que genera a su alrededor; algunos sospechan que el espectro de su luz nos informa también de sus intenciones.

La isla de Alberto Durero es la más precisa y minuciosa de todo el archipiélago.
Si la vida fuera así, como él la pintaba, nadie reclamaría ante ningún juzgado de la Alegría, no habría existido el existencialismo de los que no sabían respirar la mezcla de todo, nadie se habría quejado de su vida en la Oficina de Atención Ciudadana y la tristeza sería una experiencia desconocida en todos los hemisferios superpuestos.
Si la vida fuera así no necesitaríamos religiones que salvasen náufragos ni ciencias explicativas, no habría sido necesaria la filosofía estoica y ni siquiera el arte más puro estaría justificado en una vida plena.
Si todo fuese así, como él lo imaginaba, no se produciría el dolor de las articulaciones ni la guerra entre los miserables, ni se podría hablar del  sufrimiento de los animales ni de la muerte inesperada.
No habría envidias ni defectos y, cuando empezase la lluvia bajo el sol no uno, miles de arcoíris rizados y envueltos en mil circunvoluciones y tirabuzones llenarían la atmósfera y entrarían por puertas y ventanas y ojos y nos llenarían de luz multicolor y de resplandores clarividentes.
Y será difícil encontrar a alguien que no sepa tratar tan bien a los demás como él mismo es tratado, que no sea simpático, amable, generoso, educado…
Y qué fácil será en esa isla superar el dolor del narcisismo egoísta, ególatra y egocéntrico; qué fácil superar la condición de víctima…
Qué fácil ser Ángel y Fabiano, viajeros de lujo, investigadores privilegiados de la presencia más perfecta.


3401-3500

Si has visitado alguna vez la isla de los círculos no podrás olvidarla, tal es su gusto por la perfección que hasta los exploradores más estrictos y menos dados a exageraciones conceden que han entrado en el territorio de lo fantástico y lo real maravilloso.
La ventaja de las islas circulares es que los aforismos ya están hechos y siempre son perfectos, como paradojas simétricas que resisten cualquier imprevisto.

En la Isla de las Maravillas se cumplen los mejores sueños, tal vez por eso nada más llegar Ángel y Fabiano se encontraron rodeados por cientos de criaturas fantásticas que flotaban en al aire, algunas sin necesidad de alas.
–¿Cómo  es posible flotar en el aire de esta manera?, preguntó Ángel.
–No creemos en la Ley de la Gravedad, contestó sonriendo una especie de ninfa maravillosa.
–No es una cuestión de creer o de no creer, la ley de la gravedad siempre se cumple, dijo rotundamente Fabiano.
–No te creas, dijo otro ser fantástico, si te atreves a no creer en la omnipresencia de la gravedad y de la caída inevitable de todos los cuerpos, entonces de una forma inesperada, repentina y caprichosa, empiezas a levitar poco a poco.
–No lo creo, dijo Fabiano irritado.
–Puedes creerlo o no, puedes aceptar lo que ves o no, pero esto es lo que hay. Aquí se produce esta especie de alteración de una Ley de la Naturaleza que parecía de obligado cumplimiento, contestó una tercera criatura no menos encantadora.
–Tendremos que rendirnos a la evidencia, dijo Ángel.
–No es posible, dijo Fabiano.
–Ya ves que sí es posible, que es real, lo estás viendo, insistió Ángel.
–Debe ser un sueño, dijo Fabiano.
–Si es un sueño es delicioso y no me gustaría nada perdérmelo ni que me despertaran, admitió Ángel.
–Si es un sueño no es real, afirmó Fabiano.
–¿Y quién necesita que sea real?, preguntó Ángel.
–Es una exigencia de todo lo que existe, dijo Fabiano rodeado por la curiosidad de todos los seres asistentes.
–La única exigencia de lo que existe debería ser cumplir su plan de perfección, desarrollar todos los elementos benévolos que nos envuelven, ampliar la belleza del mundo y extasiarse en ella, dijo otra de las criaturas.
–Me gusta este nuevo orden de la Realidad, dijo Ángel visiblemente complacido.
–Tú siempre te apuntas a lo más placentero, dijo Fabiano algo enfadado.
–¡Menudo delito!, ¿acaso lo más gozoso no es lo más lógico, lo más natural, lo más recomendable?, contestó Ángel.
–Siempre sigues alimentando esa imposible e irreal teoría tuya del hedonismo utópico, dijo Fabiano.
–Ahora lo llamo Hedonismo Utópico Cinético, contestó Ángel.
–¿Y eso?, preguntó Fabiano, rodeado por la evidente curiosidad de todos los asistentes que parecían divertirse con su polémica.
–Porque no solo hemos de intentar ser felices, de vivir alegres rodeados de gozos, de placeres y de bienestar, sino que debemos quererlo para todos y sabiendo que irá fluyendo, cambiando, transformándose, contestó Ángel.
–Muy bonito todo, dijo con ironía Fabiano.
–Muy bonito podría ser sin duda, pero hay demasiados realistas de vía estrecha y escasa generosidad mental que siempre están impidiendo cualquier tipo de avance con sus rendiciones, evidencias, sensateces, ridiculeces, contestó Ángel.
–¿Lo dices por mí?, preguntó Fabiano.
–Por ti y por mí y por todos los que siempre o en algún momento estén impidiendo el avance hacia la alegría, contestó Ángel.
–Y hacia la ligereza y la levedad, hacia la ingravidez y la flotación, hacia la delicada manera de un grano de polen que inicia su aventura fuera de la atmósfera terrestre, hacia la galantería que revolotea por el cielo estrellado, hacia lo inútil que nos espera con todo el esplendor  de un museo lleno de maravillas, dijo otra criatura encantada.
–Si me admiten me quedo aquí, le dijo Ángel a Fabiano.
–No puedes, respondió Fabiano, tienes la obligación de cumplir  tu análisis y revisión de todas las islas, contestó Fabiano.
–Si no puedo ahora regresaré lo antes posible, si me aceptan, dijo Ángel.
–Todos estaremos encantados de recibirte y de tratarte como a uno de nosotros, contestó otra criatura igualmente encantadora.
–Y yo os lo agradeceré eternamente, dijo Ángel.
–Tal vez tengas razón, dijo Fabiano, y cuando no se sabe hacer otra cosa entonces más nos vale disfrutar de lo bueno que vaya apareciendo, de la belleza que surge, de lo sensible que se muestra, de lo sensual que nace, de la sonrisa sensorial.
–Tienes razón, dijo Ángel, y mira como todas estas criaturas asienten, sonríen y se muestran complacidas con tu cambio de opinión.
–Sí, aunque parezca poca cosa, aunque alguien crea que es ridículo o estúpido, nos guiaremos por este nuevo firmamento, dijo Fabiano.
–Un nuevo firmamento que es móvil, cinético y cambiante, que se acuesta con auroras boreales y se levanta con áureas y cálidas atmósferas, dijo Ángel.
–Estamos aquí y podréis regresar cuando queráis, seréis bien recibidos, dijo la primera criatura.
–Os acogeremos con nuestras mejores galas, con la luz transparente, con las flores recién nacidas ese día, con la presencia que ya nunca más estará ausente, con el bosque de hojas que estrenan todos los matices del verde. Y entre todos ampliaremos el Cielo, el Paraíso, la Gloria prometida, la Gracia ya nunca más derramada, confirmó otra criatura.
–¿Y si todo esto no fuera nada más que una alucinación?, preguntó Fabiano.
–Sería algo alucinante, una maravilla completa, contestó Ángel.
–¿No nos estaremos dejando llevar por la fantasía más loca?, volvió a preguntar Fabiano.
–¿No nos hemos dejado llevar todos estos años por la realidad más prosaica?, contestó Ángel.
–No sé qué decirte, dijo Fabiano.
–Yo sí sé qué decirte, regresaré en cuanto pueda a este país de las maravillas donde nadie manda que te corten la cabeza, donde no pagan justos por pecadores, donde la vida buena es igual para todos… contestó Ángel con entusiasmo.
–No sé si no estaremos  equivocándonos, insistió Fabiano.
–Y si nos equivocamos, bendita  equivocación; si fuera un error, hermoso error es lo fantástico; si nos estamos dejando llevar por las apariencias, benditas sean estas maravillosas apariencias, dijo Ángel.
–Tal como lo pones no nos queda más remedio que aceptar esta invitación y, como dicen algunos, que sea lo que Dios quiera, dijo Fabiano.
–Eso es precisamente lo que estamos deseando, que Dios quiera, que quiera lo bueno, lo bello, lo justo y lo verdadero para todos, que cese este experimento en el que se mezclan tantas impurezas y a algunos les cuesta tanto ver estos grados de perfección, dijo Ángel.
–Espero que sea así, dijo Fabiano, y ya noto que me cuesta un trabajo infinito alejarme de esta tierra de bendiciones.
–Lo mismo siento yo, afirmó Ángel.
–Os esperaremos siempre, dijeron las criaturas cuando se marchaban.