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miércoles, 8 de mayo de 2013

La falta de piedad

Hannah Arendt, en su libro "Eichmann en Jerusalén", indica el método que usaba Himmler para eliminar la piedad instintiva que todo ser humano experimenta ante el espectáculo del sufrimiento ajeno:

"Consistía en invertir la dirección de esos instintos, o sea, en dirigirlos hacia el propio sujeto activo. Por esto, los asesinos en vez de decir: "¡Qué horrible es lo que hago a los demás!", decían: "¡Qué horribles espectáculos tengo que contemplar en el cumplimiento de mi deber, cuán dura es mi misión!".

Tal vez ese mismo mecanismo explique por qué algún  ministro griego, y alguno español, han dicho que gobernar es repartir dolor; como si quisieran indicar el inmenso sacrificio que les supone cumplir con su ingrato deber. 

Se les podría aconsejar que no se "sacrifiquen" tanto (que no nos sacrifiquen tanto a los demás) y que se dediquen a deberes gratos, a repartir placer y felicidad, a ser útiles para la humanidad.


1 comentario:

  1. ¿Quién necesita piedad sino aquellos que no tienen compasión por nadie? (Albert Camus)

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