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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Cambiar de planeta



Desde que cambiaron de planeta es muy difícil la comunicación; si al principio era ridículo hablar de necesidad, de deseo y de amor; ahora, en la distancia astronómica, ya parece una imposibilidad física y metafísica decir algo que tenga sentido y que ayude como personas.

Seguirá existiendo una estrella, una diosa con brillo propio; otros apenas serán asteroides informes sin rumbo claro, sin destino prefijado, sin órbita definida, sin gravedad necesaria. Precisamente es esta ausencia de gravedad la que les da la ligereza y la agilidad, importantes para salir de la influencia gravitatoria del pasado y de la pesadez; y, simultáneamente, las que originan la sensación de levedad, de que todo puede ser fútil, innecesario, perdido en un inmenso planeta de vacuidad.

A veces es un consuelo saber que alguien se preocupa por disminuir la soledad, el desamparo, la privación sensorial, el sufrimiento... de otros seres humanos. A veces la simple visión de un río torrencial nos acerca a la intuición de que todo pasa, como diría Machado; de que todo fluye, como diría Heráclito, y no sabemos si eso es bueno o no.

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