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martes, 15 de marzo de 2011

Una escalera apoyada en el aire

Si una noche nos hubiéramos acercado en silencio y con mil precauciones hasta el lugar en el que aquel ser humano miraba con encanto a la Luna podríamos haber adivinado que sentía la llamada de su luz y como, olvidándose de todo realismo, precaución y cuidado, decidía elevarse por los peldaños de seda fluorescente.
Si hubiéramos dedicado el tiempo suficiente podríamos haber observado sus progresos hacia arriba, alguna vacilación en los cables, ninguna duda ni vértigo. Incluso cuando la C de la Luna parecía decirle que no siguiera escalando él ya sólo podía proseguir su aventura aérea, acostumbrado como estaba desde hacía meses a vivir entre colibríes, móviles calderianos y magnolios en flor.
Cuando paracía estar claro que nada le esperaba en el reino de las seres de las cumbres y cada paso constituía un insólito atrevimiento, decidió que no podía regresar y que, fuese como fuese, se mantendría en el tímido nivel alcanzado.
Si ahora nos alejamos con el mismo cuidado del lugar preciso podríamos observar esas finas líneas de seda luminosa que unen la Tierra y la Luna y suponer el grado de insistencia y la osadía del personaje que hemos inventado. No sabemos si se siente solo ante la tarea imposible, si disfruta de su privilegiada posición al filo del infinito, si no se atreve a hacer más cambios en su vida oscilante o si recuerda con agradecimiento visceral aquellos momentos en los que inició la más hermosa de las elevaciones al Paraíso.
Es el día de hoy y nadie nos ha dado noticias sobre su extraña naturaleza y condición; aunque hay rumores que aseguran que pertenece a otro mundo -reino y lugar- más alejado que el que es visible cuando caminamos por la calle.

1 comentario:

  1. Con esta vocación de posesión que nos legó el Neandertal, la creí exclusivamente mía (a la luna). Pero hoy la sé habitada por unos pocos lunáticos - de otro reino y lugar, dicen - que gustan de perderse entre sus cráteres y orear su pálida y levísima luz al ritmo que impone el concierto del cosmos. Los miro (a los lunáticos )y me veo reflejada. Son pocos pero colman.
    Hoy quiero exprimir un zumo de luna blanquísimo que lave la cara de Japón y tampone la furia que se revuelve en las montañas hormigonadas de Fukushima, apaciguándolas. Voy a llover su luz a raudales para que refrigere los párpados a punto de estallar por la fusión de imágenes aterradoras. Lunáticos ¡echad una mano! El 11M otra vez ha hecho de las suyas a espaldas de la luna y los lunáticos.
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    Ese filo cortante de la luna

    ¿Para qué me contaste que adorabas
    el filo diminuto de la luna
    preludiando en la noche el novilunio,
    y después te marchaste de mi vida?

    ¿Lo hiciste acaso para condenarme
    a muerte cada 28 días
    justos?
    ¿Para que no olvidara nunca desangrarme
    al contemplar la hoja de tu luna
    afilada de olvido?

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