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jueves, 26 de enero de 2012

Leonard Cohen

"Un manual para vivir con la derrota". Así titula El País la presentación de su último disco "Old ideas".

Cohen afirma en una de sus canciones: "No tengo futuro, el pasado durará pero la maldita oscuridad también".

"Sobre el retiro, sobre su afición semirreligiosa a vivir alejado del mundo, en un monasterio rodeado de hielo. Su representante contará luego que el viaje a Europa ha estado a punto de cancelarse porque Cohen salió a subir montañas heladas y se cayó, por suerte, sin romperse nada".

"Me gusta poco lidiar con las urgencias de la vida real", dice él. "Sé muy bien que la edad tiene mucho que ver con mi actual libertad, y también sé que a medida que te haces viejo se van muriendo las neuronas de la ansiedad."

"Uno nunca se libera de su propia estupidez", responde con un deje de sátira. "Nuestra incompetencia siempre nos da nuevas oportunidades para humillarnos, y esa realidad nunca es mala para el intenso y doloroso proceso de autocrítica".


Old ideas es un manual para vivir con la derrota. "Las canciones operan en distintos niveles. Sirven para el corazón y las derrotas, aunque a veces también es útil lavar los platos. Para curar el dolor y dar vigor, la música es lo mejor."

1 comentario:

  1. La música, sí. El gemido de un cello conmoviendo las ondas del aire, la dulzura de un oboe siseando a los planetas errabundos, el engreimiento cristalino, o salvaje, o apasionado de los acordes del piano, el profundo masaje de los tambores, la eclosión de la orquesta en pleno, transportándote a los micromundos más levantiscos e introspectivos, elevándote a los abismos de los sentidos desatados. ¡Ah, la música! Como decía Andrade: "¿Qué música serías si no fueras agua?" Y Cioran: "Hubiera podido expresar todo lo que me atormenta si el oprobio de no ser músico me hubiera sido evitado".
    Cuando el día se empeña en cubrirse de crespones enlutados me queda, antes del caos, la boca blanquinegra de mi piano; me gusta tocarlo (mejor a solas y en la penumbra envolvente, con el contrapunto de la lluvia en los cristales).Sólo entonces palpita como un hombre bajo las yemas de mis dedos transidos.

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