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domingo, 1 de septiembre de 2019

Las Islas Nómadas-III


801-900

En una isla están todas las palabras, verdades y mentiras disponibles, y hay viajeros que acuden allí y eligen la más conveniente y convincente.
Al proseguir el viaje y cambiar de isla ya no es fácil ni siquiera recordar qué tesoro transportado es el que se ha elegido.
Dicen que hay mentiras del norte que parecen verdaderas en el sur, que existen verdades del sur que parecen increíbles en el trópico y hasta palabras que pierden su significado y su hechizo a unas pocas millas náuticas de distancia.
Por otra parte hay que reconocer que en las islas del norte poseen muchas palabras hiperbóreas para designar los diferentes estados de la nieve y que en las del sur, sin embargo, sean todos los colores los que deben inventar y descubrir palabras para nombrar de alguna manera el despliegue infinito de las flores.
Que todo sea así, tan diverso, no deja de ser interesante.
Que todo no se atreva a ser así, tan conforme a medida, no deja de ser algo decepcionante.

Fabiano es un navegante solitario que ha recorrido muchos mares y alguna que otra isla. Ahora está con Ángel delante de LA NOVENA ISLA, Espejo Verde, también conocida como Utopía. Así supieron que en ningún lugar, en ningún sitio, en ningún tiempo controlado, sin habitantes censados, sin historia registrada, la isla contenía el conjunto más afortunado de Ilusiones, Esperanzas, Valores y Deseos Humanos.
La isla en la que estaban se resiste a ser y a desaparecer, a veces es tan grande como el planeta Tierra, a veces tan pequeña como la punta de un alfiler. Hay momentos en que nadie se acuerda de ella y años en los que millones de navegantes quieren llegar a sus costas desde todos los puntos cardinales. Hay fundadores de religiones que dicen haber nacido aquí y dirigentes políticos que presumen de conocerla, pero casi nadie sabe que la isla Utopía es invisible, inmaterial, inaccesible, invulnerable y que solo se puede llegar con la otra mitad de la Ilusión.
Nadie conoce sus coordenadas geográficas ni su paradero, nadie sabe.


901-1000

Hay islas que no pasan desapercibidas, tal es su esplendor.
Aunque algunas siempre están disimulando ya que solo logran ser lo que verdaderamente son cuando se enamoran de las altas montañas y aspiran a crecer por encima de sí mismas, a salir de su propia insularidad y necesariamente se ponen a cantar para hacer posible la alegría.
Hay islas que han crecido por encima  de sus posibilidades.
Lo peor de las islas que se saben falsas es que están siempre con miedo de ser descubiertas, son unas farsantes y lo saben. Por eso tiemblan. Es el tremor, el  temblor, el terror. Los geólogos lo llaman terremotos.
Los gemólogos los llaman diamantes.
Hay diamantes que disimulan tan bien que parecen piedras en medio de pedreros cargados de restos de erosiones divinas.

Ángel y Fabiano reman como el pescador más pobre, ese del que hablaba Zaratustra, el que al atardecer rema con remos de oro, el que vive en el interior de LA DÉCIMA ISLA, El Dorado, el que es áureo y se llama Aurelio, el que podría llamarse Aureliano, el que muchos años después no habría de recordar nada más que la alegría de ser durante más de 100 años algo parecido a una isla de compañeros y amigos.
El día en el que llegan el Sol es pródigo en amarillos y oros y dorados, ponen tanto interés en lo que hacen que, por un momento, todo es Midas y oro amarillo dorado. Después regresan los colores y se celebra el advenimiento de los carnavales. Durante unos días la fiesta está al alcance de todos, no hay muertes ni enfermos ni abandonados, todos aman y son amados en el Jardín de las Delicias lleno de bienaventurados.
Ellos son conscientes de que la isla existe, de que está ahí, pero no hay modo de alcanzarla si no es siguiendo las más estrictas indicaciones de su trayectoria. Es decir, que para llegar hasta ella, hay que recorrerla y buscarla todo como si no se quisiera llegar nunca hasta la gran Finalidad, el gran Objetivo. Ser consciente de que se ha llegado es lo mismo que ver desaparecer y esfumarse en el aire a la que parecía la isla más sólida del continente de los Ilusionados.
El continente más sólido y estable es una isla a la deriva.



1000-1100

En el archipiélago también existe una isla en la que las palabras no significan nada, no significaba nada “un fuerte abrazo”, “mil besos”, “todo el tiempo del mundo” o cualquier expresión de ternura romántica al estilo de Catulo.
La isla no lloraba ni estaba triste, simplemente era escéptica y agnóstica. Aunque en secreto siempre esperaba a Godot y, aunque parezca curioso, extraño y hasta una coincidencia, a la cantante que no era calva, al escenario que no se llena solo de sillas, al rinoceronte que no embiste y a la ira que no estalla y se corrige desde el principio.
Las islas son absurdas y lo saben. De alguna manera en el planeta Tierra no debería haber islas ni archipiélagos, solo tierra, continente continuo, esfera sólida y complaciente.
Hay islas que se convierten en gaviotas, en albatros o en pelícanos y así sueñan lo que son, efímeras y cambiantes. Saben que su naturaleza no se sostiene y que solo es una manera de hablar temporal, anecdótica.
Cuando las palabras ya no significan nada estamos lejos de todo, cerca de la nada.

En la isla de las Apariencias, la número ONCE, solo hay maravillas. Y quién podría contemplar el Ser y no volverse loco, quién soportaría tanta grandeza sin perder su pequeña estabilidad, quién no sería vulnerable a su grado de perfección.
Y todas las apariencias les indicaban a Fabiano y a Ángel que la isla era una esfera perfecta que se propaga igualmente en todos los sentidos, que es completa, a la que nada le falta. Por eso se decía en la antigüedad que las islas esféricas eran completas en todos los sentidos y que tenían la misma fuerza desde el centro hasta y hacia todas las direcciones ya que no eran ni más fuertes ni más débiles en unos lugares que en otros, que en todas partes eran iguales y ejercían la misma presión en todos sus límites. La isla esférica era, por tanto, homogénea, en un sentido dinámico, no estático. Ese significado es infinito, aunque un infinito que entra y cabe en una isla de un kilómetro de diámetro. No puede ser más plenamente ni más débilmente en una dirección o en otra del archipiélago lineal.
La isla es esférica porque es igualmente verdadera en todos sus puntos, no le es lícito -por así decirlo- ser incompleta. En esta isla el principio y el fin, el comienzo y el final de todas las cosas son comunes.
La isla esférica es autocoherente y uniforme y, como decía Platón, nada sale de la esfera ni nada entra en ella de otra parte. Por estar limitada por una superficie continua la isla es difícil para los viajeros y visitantes ya que no es fácil concebir una ruta tan perfectamente circular que se puede empezar y terminar en el mismo punto sobre una misma línea.
La esfera ideal que flota en el mar de la Felicidad.


1100-1200

Con el paso del tiempo puede suceder cualquier cosa, por eso a lo largo de los siglos una isla ha dado en creer, o al menos ha llegado a suponer que existe otra isla superior, una especie de isla después de esta isla, una isla eterna donde llegarían a coexistir todas las islas que existen, han existido y existirán.
Los náufragos la han buscado y solo han hallado una isla amarilla móvil que flota según la amable dirección del viento.
Aquella isla pensaba que su eternidad iba a ser como la de aquellos días interminables que eran Islas como Australia, como Eurasiáfrica sin canal de Suez, como toda América unida sin canal de Panamá.
La eternidad de las islas es muy larga, pero  vivir solo en longitud no es lo más inteligente que puede hacerse.
Otros comentaristas han escrito que la isla superior o eterna también ha dado en suponer que existe un archipiélago de dudas flotando en una imaginación a la deriva.
La isla Superior a la isla Eterna también es pasajera.

La isla número DOCE también es conocida como la isla Mozart, entre otras cosas por el entusiasmo que sentían todos los que ponían sus pies sobre ella.
Ángel y Fabiano decidieron recórrela alegremente y sintieron todos sus arrebatos y colores. Las mediciones que hicieron no demostraron nada ya que todas las medidas eran imprecisas y los cálculos indefinidos. Pero siempre le agradecerán a esta isla la posibilidad de saber con absoluta seguridad instintiva cuál es el verdadero sentido de este acumular, de esta sucesión de días y de caminos.
No vieron el esqueleto del compositor pero adivinaron la estructura del archipiélago clásico. Ahora saben que para sobrevivir se necesita a veces algo de estoicismo, de escepticismo y de relativismo, también mucho de hedonismo, de optimismo y de vitalismo.
Ahora sospechan de lo que están todos seguros y de los que están seguros de todo, de los soberbios que se lo han creído, de los arrogantes que todo lo saben. Un poco menos de orgullo, y mucha más humildad, eso es lo que necesitamos todos; pero unos más que otros, pensaba Fabiano.
Con el paso del tiempo las islas no envejecen, se transforman en granos de arena de un reloj de polvo.
1201-1300

“La isla misteriosa”, mencionada por Julio Verne, sigue existiendo en nuestro archipiélago,  así como la ínsula Barataria, la isla Utopía, la isla Monte Carmelo, la isla Anillos de Saturno, la isla Meninas del espejo…
De alguna manera todas las islas son misteriosas y preparan sorpresas que ni ellas mismas conocen ni calculan.
La isla Espejo es imposible de entender, todo allí sucede al revés y nadie logra explicarlo. Es cierto que, con el tiempo, los misterios se han convertido en problemas, pero los problemas sin resolver a la mínima se hacen pasar por enigmas indescifrables.
Todos los problemas de las islas Hijos son irresolubles, se acumulan, se agrietan, mutan, se contraen, se alargan, pero nunca desaparecen. Tal vez por eso hay archipiélagos que ya no quieren ser responsables.
La isla más misteriosa es la comunicación de los que quieren ser amigos.

Los mejores amigos, como Ángel y Fabiano, siempre son amigos de Epicuro, sin miedos ni terrores ni temores, siempre con la mejor disposición del alma, con la sonrisa preparada y entrenada para seguir siendo emoción positiva, sentimiento desbordante, pasión alocada y contenida, curiosidad constante, presente y futuro; un presente que no quiere acelerarse y un futuro que no desea adelantarse, un tiempo que fluye sin metrónomos ni medidas rígidas ni obligaciones. Y vivir así, feliz y prolongadamente, sin deprimirse y sin demasiadas pretensiones.
En esta isla, Fabiano y Ángel permanecerían, sin saberlo, más de sesenta años, aunque ellos creerán que es solo un día, un día más en una isla afortunada, mágica, la más amistosa y jovial de las islas.
De esta isla solo hablarán maravillas en sus Memorias posteriores, saben que, por encima de la geometría, existe una descripción superior del espacio que se define en alegrías, poemas de amor, paseos por la naturaleza, montañas y nieves y zarzamoras, incluso oropéndolas.
Esta es la isla de los jardines y las huertas cuidadas con esmero, de los frutos del verano y del otoño, de los colores cálidos.
1301-1400

No está garantizado por nada ni por nadie que una isla siga siendo una isla para siempre. Distintos fenómenos y circunstancias pueden producir que una isla se convierta en jirafa, en nube o en poeta.
(Ser jirafa es una delicia para todos los soñadores de Venecia).
(Ser nube es una acumulación de abundancias).
(Ser poeta, en este archipiélago, no es ningún privilegio, es lo que te ha tocado, lo que no se puede evitar, como ser géiser, volcán, cascada, primavera, nieve…).
(…Ser géiser es como ser un invitado a una ceremonia incomprensible en la que la belleza brota por sí misma).
(…Ser volcán es el vuelo de la materia antes de ser escultura).
(…Ser cascada es otro de los triunfos de la imaginación gravitacional).
(…Ser primavera es el sol en todo su dominio).
(…Ser nieve en algunas islas es la mayor fortuna, es lo que cae desde el frío sideral que embellece todo lo que toca).
Tales acontecimientos son tan raros como imprevisibles pero, en cualquier caso, ocurren con bastante infrecuencia.

Han llegado a la isla de El Bosco, isla de las Delicias, Jardín de los Bienaventurados, Jardín de las Delicias Afortunadas, isla de los Complacidos.
En esta isla todo lo hermoso y bueno es posible, por eso allí están situadas y existen Venecia y las jirafas, por eso hay nubes de evolución bondadosa y encuentros insospechados.
La Arquitectura es casi tan atrevida como el Panteón de Roma y la cúpula de la catedral de Florencia, como el placer de ver felices a los humanos. Quien se atreve a vivir en esta isla ya está haciendo su escultura eterna.
No es raro, por tanto, que Ángel y Fabiano quisieran permanecer allí toda su vida. De hecho residieron allí una larga vida que en esta versión breve del relato se resume en un día, apenas una página, apenas unas palabras de sólida bienvenida.
Ya  saben que la belleza visible es signo, síntoma e indicio de que la perfección está a punto de lograrse.





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