3501-3600
En
el principio fue la isla del Círculo Perfecto, poco después llegó el aire y se
renovó la vida hasta llegar a ser tal y como la conocemos hoy.
En
esa isla no hay semáforos.
Antes
de la primera isla estaba la singularidad y antes el deseo.
Y
antes del deseo existía un plan para que se encontrasen círculos y cuadrados y
viviesen la cuadratura del círculo.
En la isla de García
Márquez, como en el resto de los mundos, en pocas ocasiones los seres humanos
son capaces de sacar lo mejor de sí mismos,
de florecer desplegando sus mejores intenciones y de mostrar todas las
maravillas que guardan en su interior. Pocas personas se atreven a ser divinas,
a emprender el largo camino del acceso a la luz.
La luz, esa luz
caprichosa que instantáneamente va y llega y se dirige a todos los rincones del
mundo y cuando quiere no va y es penumbra, sombra, obscuridad, extravío,
confusión sin alas ni ángeles.
Esa obscuridad que
algunos dejan que se instale en su interior y que devora su ilusión. Qué poco
les sirve a algunos todo el bien recibido.
3601-3700
En
las islas del Norte no se acostumbra a decir la verdad sobre ningún asunto,
mucho menos sobre las fiestas de las islas del Sur.
Las
islas intermedias, más templadas en sus juicios, hacen lo que pueden para
sobrevivir entre los dos extremos, pero su virtud no reside ahí sino en saber
que las apariencias existen y que los simulacros también son reales. La
sabiduría en este caso consiste en aceptarlas y asumirlos y así residir con
alegría en todas las indefiniciones.
La isla de Parménides
está construida para el orden. Casi siempre se construye para el orden, casi
todo se destruye con el tiempo, algunas cosas se rehacen para darle una nueva
oportunidad al cosmos, algunas veces el cosmos es capaz de empezar de nuevo.
El orden del tiempo es
ingobernable.
El mundo es
independiente de mi voluntad, de toda voluntad. El mundo es independiente de
Wittgenstein.
3701-3800
En
la isla Continua no se admiten relojes ni pasa el tiempo ni a nadie se le
ocurre decir ayer, hoy o mañana. Todo es un presente o pasado o futuro
continuo. No hay definiciones ni distinciones.
Al
que se atreve a insinuar que antes o después las cosas cambiarán se le
considera un ser continental, caído en el tiempo, rendido a la realidad,
perdido para la vida tal y como se la concibe en el Ecuador de los anillos.
La isla de la Alegría a
veces es incompatible con el tiempo.
Con demasiada
frecuencia es domingo y llegan los jueves como si cualquier cosa. Es enero hoy
y mañana noviembre como si todo fuera posible. Tienes ahora veinte años y
pasado mañana sesenta. Has nacido y ya quieren jubilarte. El desorden del
tiempo es imparable.
El tiempo menos pensado
se cuela por las aristas de cada momento, con absoluta facilidad llega el lunes
y no sabes lo que te espera el miércoles siguiente. Es abril y llega la
primavera y no quieres enterarte. Tienes toda la vida por delante y te detienes
como si no fuera contigo.
Es posible que Ángel y
Fabiano sintieran y supieran que los martes son dichosos, que febrero o junio
son alegres y capaces de ejercitarse en proyectos y viajes de extraordinaria
elegancia, que el ayer era divino, que hoy es fabuloso y humano, que mañana es
y será y era extraordinario.
A Ángel nunca se le
olvidará la sonrisa que lo ilumina todo ni a Fabiano el honor de mirarla. Los
dos saben que la alegría produce sonrisas, que sonreír alegra la mente, que el
cerebro acaricia los músculos, que la vida imita al arte más elevado.
No es transfiguración
ni elevación, no son mariposas. No es epifanía ni descubrimiento, no son los
anillos de Saturno. No es invención ni hallazgo, no es el interior de la luz.
No es ni creación ni inspiración, no es lo sagrado. Se parecería más a esa
galantería con el cielo, de la que hablaba Lorca.
Más arriba y más abajo,
como en cualquier escalera. Sin flotar y sin pesar, como una conformidad serena
con el mundo, pero sin llegar al “Extasis de Santa Teresa” de Bernini. Como si
los dos hubieran ya aceptado lo que son y hubieran sintonizado con la más
pequeña de las vibraciones, pero sin darse importancia.
Tal vez era aquello de
lo que no se podía hablar en tiempos de Wittgenstein y de lo que hoy ya no
podemos si sabemos callar. Fabiano y Ángel siguen viajando y todos los relatos
que les cuentan son parte del camino; tampoco saben si hay o no hay camino ni
si se hace, se descubre, se inaugura, se inventa o se crea al andar, como
sugería Machado.
No saben, pero tampoco
ignoran. No exigen, pero tampoco se conforman. No se adaptan ni son
inconformistas. Leen sin llegar a ser eruditos, se informan sin querer ser
bibliotecarios, piensan pero no quieren que les den siempre la razón ni tener
“la cara del que sabe”, que cantaba Amancio Prada.
La isla de la Alegría
es el sentido de todas las existencias.
3801-3900
La
primera isla, según los expertos, es la que reúne la altura de la más elevada,
la elegancia de la más bella, el encanto de la más Graciosa, la serenidad de la
más elaborada y hasta el escepticismo de la más alejada de todas las rutas
marítimas conocidas.
Iniciar
una ruta desconocida, esa sí que es una tarea ilusionante.
Hay
islas para todo. De hecho hay islas que parecen continentes, otras parecen
planetas, incluso hay archipiélagos que toman la forma de galaxias.
La isla que está a la
mitad del recorrido (ya que hay 38 islas hacia el oeste y 38 hacia el este), se
conoce como Isla del Amor. Muchos son los llamados y pocos los elegidos, muchos
los que se creen artistas en lo que hacen y muy pocos los que llegan
verdaderamente a serlo, demasiados los que ignoran los peligros de las islas
enamoradas y muy pocos los que saben navegar con calma por aguas procelosas,
muchos los que dicen que han oído que han dicho y pocos los que han escuchado,
muchos los que se mueven y viajan y muy pocos los que llegan, y menos los que
llegan a sí mismos.
Cuando Ángel y Fabiano
llegan a la isla Mitad del Recorrido saben que han olvidado algo; aquí debían
esperar algo, pero no saben qué. Algo tenía que ocurrir, pero no aciertan a
reconocerlo ni a recordarlo. Tal vez era que ya habían pasado por la mitad de
su itinerario y que, por tanto, ya solo les quedaba la mitad de su
peregrinación circular. Tal vez era otro asunto el que los había llevado hasta
allí.
Tendrían que poner más
atención y fijarse en todos los detalles.
La isla era una corona
circular perfecta y es posible que eso significase algo. Incluso una vez
desvelados todos los significados, cabe pensar que no todo estará resuelto.
3901-4000
Las
islas intermitentes son y no son, existen durante un tiempo y dejan de existir
durante otro, están en su localización durante meses y desaparecen durante unas
semanas, son materiales en ciertos períodos y referencias geográficas otros.
Nadie
sabe a qué atenerse con ellas. En general, si fuéramos sinceros, tendríamos que
reconocer que nadie sabe a qué atenerse sobre casi nada.
Todo ha salido mal y, a
pesar de todo, siguen sonriendo. Todo es absurdo, pero absurdamente alegre.
Estamos en el Mar de la Satisfacción.
Hay excepciones, hay
embajadores, enviados del Cielo que nos hacen ver la verdadera Belleza y el
inmenso esplendor de lo que es.
A veces eso es
suficiente, como un cuerpo vivo y feliz que tiene, sin embargo, ciertas
limitaciones; una cicatriz, un grano, una mala digestión, un dolor de cabeza.
4001-4100
Las
islas Afortunadas son las que no conocen el tiempo ni la ausencia, aquellas
donde se ignora lo que son las fronteras, las banderas, los independentismos,
los egoísmos y las mezquindades, los nacionalismos, los provincianismos, los
localismos….
Los
primeros exploradores de estas islas las llamaron así porque estaban libres de
todos los males, ambiciones e injusticias que inundan las islas y las sociedades
humanas.
Atravesar un espejo y
ver otro espejo y después otro.
Mirarse en un espejo y
ver tu propia espalda, como pintó René Magritte escuchando la Obertura del
Orfeo de Claudio Monteverdi.
Mirar a un espejo y ver
a tu alrededor toda la belleza disponible de los laberintos.
Atravesar todos los
espejos y sentir lo que decía Espinosa: “Cuanto mayor es la alegría que nos
afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos”.
Y, al final, mirar en
un espejo para formar parte del Cosmos.
Cuando
Ángel se miraba al espejo veía a Fabiano, cuando Fabiano se miraba en un espejo
veía a Ángel.
Cuando
Dios se hace visible es el Cosmos, cuando el Cosmos se hace invisible es Dios.
Cuando
Dios se mira al espejo aparece el Cosmos Universo Mundo, cuando el Cosmos ve su
propio reflejo aparecen los dioses, las leyes de la Naturaleza, los principios
fundamentales,
4101-4200
No
hay noticias de la isla Maravillosa, la que producía fascinación y éxtasis a
partes iguales a todos los navegantes, desde Ulises hasta el más humilde de los
marineros de cualquier barco poco inquietante.
Según
algunos geógrafos se ha podido divisarla por última vez en unas coordenadas
inciertas e inseguras de imposible localización. Tal vez sea eso lo que hace
que sea tan interesante.
Se
ha intentado localizarla con Sistemas de Posición Global, satélites espías y
mapas antiguos. De momento sigue en paradero desconocido.
Nada más llegar a la
Isla de lo Posible Ángel y Fabiano fueron juzgados y sentenciados:
–Han sido condenados a
Pasión Permanente Revisable.
–¡No, por favor, no nos
hagan eso!, dijo Ángel.
–Es la condena que
merece su conducta inconsciente.
–¿Quién podrá soportar
vivir toda una vida apasionada?, comentó Fabiano.
–Eso tenían que haberlo
pensado antes.
–Es posible que alguien
pueda intentarlo, pensó Ángel. Peor sería vivir sin motivo.
4201-4300
Las
islas que saben deberían ayudar a las que no saben y están perdidas en la
niebla, ayudarlas a valorarse y a descubrir su lugar en el mundo.
Aunque
tal vez eso sea mucho pedir, mucho más que lo que están dispuestas a dar.
La
isla Invulnerable es aquella en la que todos los seres no son el esperado, en
la que todas las personas no son la deseada.
La isla de Heráclito
cambia de lugar constantemente. En cualquier caso eso no implica desconcierto
ni desencanto.
Ángel y Fabiano,
después de haber visitado y vivido la vida incesante, decidieron quedarse con
los aciertos de la vida, con la salud de las nubes, con la sonrisa del
descanso, con la tarde arreglada, con las palabras delicadas y con la justicia
poética.
Apreciaron la risa
acompañada, la madurez sonriente. Aceptaron al que hace la fotografía y sabe y
conoce que es afortunado, al que convierte cada paso en celeste, al que
pronuncia cada palabra con amor y respeto.
Disfrutaron con las
letras y las personas que se atreven a ser divinas, con las pinturas que se
acercan a la perfección, con las miradas que sanan, con la vida que no ofende,
con el trato delicado.
4301-4400
Hay
una isla con un volcán de gran altitud en su centro, raro es el día que no hay
una erupción de un líquido espeso que parece compuesto de cera y lágrimas, se
mueve como si fuera lava y desciende con lentitud hasta acabar solidificándose
en una especie de ámbar semitransparente que contiene en su interior todo el
entusiasmo de la vida y la melancolía de perderla.
A
esta isla solo se puede llegar tras un proceso de iniciación ritual tan largo
como extraño, hacen falta años de pacientes recorridos por los propios
recuerdos para llegar a entender y a sentir la verdad de las altas palabras que
allí se contienen.
Toda
la isla está llena, sea cual sea la dirección hacia la que se camine. De esas
inmensas lomas redondeadas que parecen y son a veces lágrimas petrificadas,
transparentes joyas del mejor pasado que pudo haber sido.
No
es posible saber todo lo que allí se encuentra.
La isla de Leonardo da
Vinci está llena de ingenios. De todos modos en ella también el amor es tan fácil
como la vida. El amor puede imaginarse, pero cómo se imagina una vida
desplegada en cada momento.
A su lado está una
isla, aunque se encuentra a cientos o a miles de kilómetros de distancia. Hay
una vida mejor, pero es más elevada y pocos consiguen mantenerse a la altura y
con el equilibrio necesarios para merecerla.
4401-4500
En
la isla Nolanda no se pueden hacer fotografías, no salen, no aparecen, allí
todas las cámaras fallan. Algún misterio indescifrable hasta el momento impide
que las imágenes se fijen en algún soporte, que los recuerdos aniden en alguna
memoria, que las apariencias engañen de alguna manera.
Los
que alguna vez han estado allí, o de eso presumen, sugieren que algo parecido a
un sueño los ha perturbado, que la isla en realidad no existe, que allí nada es
real, ni siquiera el mar que todo lo llena.
La Isla del Encanto es
el territorio preferido de todas las exploraciones. De la alegría hacia arriba,
del gozo hacia el Norte, del contento hacia los trópicos, de lo que vive y
respira y es bello, de lo feliz hacia todas partes.
En esta isla, de apenas
un kilómetro de diámetro en su base, emergen las montañas más altas de la
tierra y, cuando toda va bien, por un proceso que los meteorólogos denominan
inversión térmica, en las alturas máximas hay una temperatura primaveral
exquisita. Es el paraíso vertical de todos los montañeros.
4501-4600
En
la isla Gran Mentira nunca se decía la verdad, Epiménides -que en el pasado
había sido cretense- afirmaba que todos los habitantes de esa isla eran
mentirosos y que, por eso mismo, decían siempre la verdad.
Lo
que parecía una paradoja lo era y no lo era. Si todos eran mentirosos al menos
se sabía que lo eran y eso sería verdad. Pero nadie sabía el alcance de esa
verdad ya que si eran buenos mintiendo es posible que mintiesen también sobre
la isla y que no fuese una isla, que no existiese la mentira, que Epiménides no
fuese el que decía ser y que ni siquiera lo que decían tuviera sentido.
La isla de Douglas R.
Hofstadter es una de las más interesantes de todo el archipiélago Desconocido,
en ella la luz de velocidad infinita ilumina y muestra el universo entero en
este mismo instante, no hay que esperar
miles de millones de años terrestres para conocer el devenir del Todo.
Otras veces la luz,
casi siempre caprichosa, avanza muy despacio y un simple ser humano con una
linterna en la mano avanza en las tinieblas, a la intemperie, mientras su
pequeño haz de luz se queda atrás, perezoso, sin ánimo.
La luz, tantas veces
usada para ver mentiras y miserias, a veces se niega a obedecer a sus propias
leyes y no quiere iluminar las vidas desatentas.
4601-4700
Las
islas afortunadas son las que se tienen a sí mismas y no necesitan ni desean
nada más que todos los océanos y universos a su alrededor.
La
isla de los 1.000 faros está muy cerca de la isla que no tiene faros ni luces
de señalización marítima, a cambio la isla sin señales luminosas es redondeada,
no tiene olas bravas y su mar es tranquilo.
La isla de Demócrito es
la más atomizada, está compuesta por miles de trillones de islas
infinitesimales y se sabe que las islas no saben leer.
La isla, como las
galaxias, no saben leer ni escribir ni dar sentido a las necedades.
Las galaxias, islas de
otro archipiélago que se ha dado en considerar de mayores dimensiones y llamar,
no sin razón, Cosmos, no se imaginan lo que ha ido pasando en su interior, como
las palabras que componen el libro cerrado de Don Quijote no se imaginan las
hazañas y los sentidos que contienen y se despliegan en su interior.
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