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martes, 13 de marzo de 2012

Una alegría

Debe existir un alegría descabellada (nunca mejor) en el origen de todo esto.

“Cuando uno no se queja ni se autojustifica es que ha accedido a una cierta libertad interior, es que ha ascendido un peldaño en el proceso de autoestimación, es que ha superado esa neurótica necesidad de comunicación simbólica característica de los impotentes místicos" (Salvador Pániker: "Aproximación al origen").

No me quejaré, no diré nada, no me justificaré, simplemente digo que para mí la vida puede ser perfecta.

No hay nada que discutir, se siente o no, a veces es difícil e ínútil tratar de convencer a alguien.

1 comentario:

  1. También lo advierte Cioran con algo así como: quien se queja es que no ha descendido de verdad al fondo del sufrimiento. ¡Ojalá podamos quejarnos como plañideras borrachas hasta el final de los tiempos!
    Yo me quejo de Internet con furia desbocada. Gracias a él me entero de que mis colegas en viaje al Hospitalillo de Santa Clara en Guatemala, han presenciado una lucha encarnizada entre un grupo de niñas y otro de perros, pugnando por la misma comida basura (y no me refiero a las hamburguesas sino a la basura - sic -). Las niñas pegaban y mordían a los perros deshumanizadamente. ¡Si se entera la Sociedad protectora de Animales...! Estos días en trance de primavera me sorprendo diciendo muchas veces mierda, mierda, mierda, mierda, poéticamente, como una letanía cacofónica.

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