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martes, 11 de octubre de 2011

La superficie de las nubes-4

2. ABANDONA EL PASADO

“En mis dominios nadie debe sufrir daño alguno; mi caverna es un buen puerto. Y lo que más me gustaría sería colocar de nuevo en tierra firme y sobre piernas firmes a todos los tristes.” (Nietzsche: "Así habló Zaratustra")

Abandona todas las esperanzas del pasado y se atreve a recorrer las acogedoras, inmensas e innumerables dunas de arenas cálidas y blandas, se adentra en el territorio desconocido del desierto y llega a la playa de donde sale esa especie de pasarela de madera que recorría la senda costera. La pasarela, ahora, se interna y se dirige hacia el mar y no se divisa el final. Decide caminar hacia adelante.
Camina por encima de la inmensa superficie del mar. El mar no tiene sentido. Las olas no tienen sentido ahora para él. Las mareas, las corrientes, la superficie, la profundidad,... no tienen sentido. Pero no importa, camina por la pasarela hasta perder de vista esta tierra pasada, su vida pasada y pesada.
Se llama Sebastián y camina por esa extraordinaria senda marina y marítima que ahora ya no es costera; hace horas que se ha adentrado en el mar caminando, desde las primeras luces del amanecer se aleja más y más del punto de origen, de la tierra, de la Tierra tan seria como agrietada, tan lejos y sin memoria. Mientras seguía caminando pensaba que era imposible que alguien hubiera construido una pasarela tan larga, un puente tan bajo, un milagro tan estirado en el espacio y en el tiempo y que además era capaz de sostenerse sobre la superficie del mar, porque no parecía muy consistente, porque no parecía balancearse, porque no parecía flotar, porque no parecía tener una función clara.
Mientras camina recuerda su largo y extenuante examen, recuerda que se imaginaba al Arcángel san Gabriel un poco insatisfecho por el bajo nivel que se exigía para superar el examen de entrada al Departamento de Seres Humanos y que decide escribir un relato para entregárselo a San Pedro, Director de la Fundación para la Perfección de los Seres Humanos, y así desahogar su eterna insatisfacción, su continua frustración. De ningún modo desea que el relato llegue a manos o a oídos de Dios, no vaya a pensar Él que es una crítica a su chapucera e imperfecta creación.
(...
—¡Empezamos bien!
—¿A qué te refieres?
—A que está muy solo.
—Eso parece, pero esto es sólo el principio.
—Pero parece que está algo decaído.
—Tal vez se sienta así.
—¿Por qué?
—¿Por qué se siente la gente mal?, porque no consigue lo que desea.
—Tal vez haya deseado demasiado, como tú.
—Nadie desea demasiado.
...)

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