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martes, 8 de noviembre de 2011

A LA ALTURA DEL AIRE-3

Tal vez también interese saber que el territorio, apenas explorado, de P se extiende entre la madurez del Norte y la alegría más sonriente de Este o de otro continente. Aquí todos dejan de tener la sensación de estar restando los días que faltan para que se termine el dilatado período en el que apenas pasa nada.
Algunos viven en soledad y silencios horizontales, como en una especie de meseta en la que pueden encontrarse a sí mismos sin darse demasiada importancia.
En realidad P es una alegresfera dorada, dotada de los colores más cálidos que puedan imaginarse; todos sus habitantes tienen o les salen alas cuando quieren volar porque, como dijo Platón con verdadera inspiración, al amor le salen alas.
Polombia, podemos decirlo sólo una vez, está situada en el fin del mundo, a pocos cientos de kilómetros del principio del Cosmos.


Los que llegan hasta aquí con alguna pretensión artística la Real Academia de Bellas Artes de la República de P los recibe con afecto y les muestra las reglas que deben seguir para proseguir los distintos caminos:
1-Despojarse de toda pretensión.
2-Olvidar todo deseo de originalidad y de creatividad absoluta.
3-Limpiar la mente de los proyectos que hacen o pueden estar haciendo los demás.
4-La tarea es la sencillez, llegar al origen desde donde brota el manantial de lo que se quiere expresar.
5-Dejar la coraza, abandonar la máscara envolvente, prescindir de todo nombre, condición, nacionalidad o simulacro que pueda confundir, olvidarse de cáscaras y esqueletos, sin nervio y sin tensiones, solos ante el origen de la intención.


En P hay varios tipos de divinidades; dioses supremos, dioses eternos, humanos divinizados, dioses libres (libres de ser dioses o de no serlo) y seres humanos. Estos últimos son difíciles porque no se reconocen a sí mismos, se miran en el espejo y no se admiten tan físicos, tan materiales y tan reales, tan propensos a la entropía y a ese tipo de caos tan corriente que no hace más que aumentar el desorden de sus mentes. Los humanos son siempre jóvenes, hermosos, entusiastas, vitalistas, alegres y enamorados.
En ciertas ocasiones muy especiales algunas Diosas y algunos dioses deciden ser una y otra vez los mismos seres humanos, mujeres y hombres que no aciertan siempre con su condición; pero cuando lo consiguen no lo cambiarían ni por el mejor Cielo del mundo, porque eso que sienten es precisamente el mejor mundo entre todos los Cielos posibles.
En P no se siguen las indicaciones del primer Wittgenstein y se puede observar esa parte invisible que casi siempre le falta a la realidad, porque consideramos que el mundo no es sólo lo que acaece, lo que sucede, ocurre y pasa,,, que también es lo que se quiere, se sueña y se desea; tal vez por eso a algunos a veces les parece imposible que lo más real esté ausente y sin figura. Ocurría, como en tantos lugares, que existían muchas cosas, montañas, campos, valles, ríos, poblaciones, carreteras, árboles, nubes, ciudades y, sin embargo, a veces todo parecía poco encajado. En el fondo sabían que no eran mucho más que una nube desvaneciéndose en la cumbre de una montaña.

Eso sí, en P no se hacen demasiados cálculos, se sabe que después llueve y que los amantes se inundan, no está previsto ningún tipo de canalones, bajantes, desagües, alcantarillas, canales ni sistemas para tratar los residuos emocionales humanos.

No era extraño perderse, había tantas salidas en las autopistas, y rotondas, cruces, desvíos, intersecciones, cambios… no era extraño haberse extraviado tanto.

Mientras en la Tierra las bodas se celebran en el suelo, las cigüeñas de P celebran sus bodas en el Cielo.

A algunos lógicos a veces les da por ser coherentes y proponen extrañas fórmulas que apenas tiene sentido; unas de las más divertidas empezaban así:
Si no fuera por la existencia, no existiríamos.
Si no fuese por la realidad, no seríamos reales.
Si no fuera por la materia, no seríamos materiales.
Si no fuese por la vida, no viviríamos.
Si no fuese por la altura, no nos levantaríamos del suelo.
Si no fuese por la pasión, no llegaríamos a nada.

También tenemos extraños personajes, medio místicos, medio ermitaños, que se hacen preguntas como: “¿Qué hacer con este “yo” tan impertinente que aparece cuando menos te lo esperas, a la menor ocasión?, ¿debemos mimarlo hasta el narcisismo o descuidarlo hasta no acertar ni con la talla de la ropa?, ¿tal vez convivir con él como si fuese una simple y extravagante extensión de lo que hacemos?”.

Que el secreto fuese disolver la eternidad en una tarde, que toda la belleza del universo entrase en una sonrisa, que la alegría fuese tan intensa que ya no pudiera vivirse de otra manera que viviendo de esa síntesis.
Algunos dioses modernos, de esos que se apuntan a todas las novedades, del mundo preferían algunas imágenes electrónicas, de esas copias elegían las más precisas, de las más definidas se fijaban en las mejor iluminadas y exactas, de las más claras las que mejor simulaban la realidad del mundo del que tanto se habían alejado ya.


El dios del lenguaje, atento a todas las conversaciones, se estremeció; demasiadas palabras, demasiados significados, demasiados signos, símbolos e indicios, demasiadas seducciones y ambigüedades, demasiadas teorías y suposiciones, demasiadas interpretaciones… y decidió callarse y escuchar la música de las esferas alegres.


Los dioses minimalistas no pueden enamorarse ya que cuando piensan enviarle a su amada cien ramos de rosas, al momento se agitan, se reprimen y todo les parece exagerado, barroco, sin elegancia y sin estilo. Un poco más tarde consideran que sería más conveniente enviar sólo un ramo de rosas, una docena, media, sólo una rosa. Pero en su afán por ser coherentes y por moderar su entusiasmo llegan a creer que la señal adecuada sería un pétalo de una rosa. Al día siguiente, y después de ciertos cálculos, consideran que un estambre es más que suficiente para expresar la intensidad mínima de lo que sienten; una semana más tarde, y después de darle muchas vueltas, piensan que una sola molécula de rosa es lo adecuado, un átomo, un electrón no (demasiado cargado), mejor un neutrón, o un quark con poco encanto, no vaya a ser que lo echen de la Internacional Minimalista por aspirar a más de lo que merece.

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